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viernes, 1 de marzo de 2019

EL AGAETE DEL SIGLO XIX A TRAVÉS DE LOS PROCESOS CRIMINALES

Tras analizar el amplio trabajo de D. Rafael Medina García, consistente en la transcripción de procesos criminales que se encuentran en el archivo provincial y la prensa de la época, incoados entre 1836 y 1900, en los que están implicados personas de Agaete, se puede deducir cómo era la vida cotidiana y los problemas de la villa en ese tiempo. 
En el Agaete  del siglo XIX, a pesar de que a mediados de dicho periodo se declara la gratuidad de la enseñanza pública, se  instalan las primeras escuelas y la gente empieza a leer y escribir, la población sigue siendo analfabeta en un 80%.
En la villa residen unas 2000 personas a comienzo del siglo y unas 3000 al finalizar según los diferentes censos oficiales.
La carretera con Las Palmas no llega hasta finales de la centuria, Agaete es un pueblo aislado, donde es más fácil ir a Tenerife que a la capital de la isla.
Abunda los pequeños hurtos de ganado, útiles de labranza, productos de las cosechas, hurtos de leña, fabricación de carbón ilegalmente en los montes públicos y privados, borracheras y peleas con lesiones leves, desacatos, abortos ilegales, infanticidios, además de otros pequeños delitos y faltas. 
La historia de los delitos es la historia de la sociedad, una sociedad en el siglo XIX, de miseria y desigualdades, donde los criminales eran a la vez víctima del tiempo que les tocó vivir.
Esta historia es un breve resumen de los más habituales y curiosos sucedidos en Agaete.

Hurtos de leña y elaboración clandestina de carbón en los montes:
El hambre y la miseria apretaban y el hurto de lo que daba el monte público y privado, leña, carbón o pinocha, con lo que se podía conseguir unas pesetas para poder dar de comer a la familia era uno de los motivos  más frecuente del paso de vecinos de Agaete por los juzgados.
En octubre de 1883, la guardia provincial* sorprendió en el camino de la Meseta, término municipal de Agaete a Juan Jiménez, Micaela Jiménez y Manuel Vega (menor), conduciendo al hombro, el primero cinco sacos de carbón y los otros dos sacos de carbón cada uno, con un valor de 2,5 pesetas, que fueron elaborados sin licencia en el lugar conocido como la "diferencia", Tamadaba.
Juan y Micaela fueron condenados al pago de una multa de una peseta y doce céntimos cada uno y Manuel por ser menor de edad a una multa de 50 céntimos de peseta.
El día primero de Febrero de 1887, al amanecer salieron de Agaete rumbo a Tamadaba; Juan Jiménez,  Felipa Jiménez, Tomasa Álamo,  Gregoria Álamo,  y Antonia García, llegando a las proximidades del "Faneque", donde extrajeron raíces secas de pinos con las que hicieron carbón, invirtiendo de diez a doce horas en el proceso, llevándolo en siete sacos, siendo sorprendidos a las tres de la madrugada por la guardia provincial del Puesto de Agaete, en el camino del Valle.
Siendo depositado el carbón en el ayuntamiento de Agaete, valorando el carbón en 50 pesetas y los daños al monte en siete pesetas.
Fueron condenados por un delito de hurto a dos meses y un día de prisión y una indemnización al estado de siete pesetas.

Los delitos de Aborto:
Eran tiempos en los que el papel de la mujer era ser madre, esposa obediente al hombre o a sus padres, el aborto era uno de los peores delitos en que podía incurrir una persona. Hasta 1822, estaba castigado con pena de muerte. A partir del código penal de 1822, la pena era de cuatro a ocho años de prisión para la mujer que abortara voluntariamente y la de uno a cinco para la mujer "soltera o viuda no corrompida y de buena fama anterior y resultare a juicio de los jueces que el único móvil de la acción fue el de encubrir su fragilidad".

Una mañana de Septiembre de 1885, Juana Suárez Palmés, de 37 años de edad y su vecina María de los Dolores Palmés,  mujer de Juan Viera,  por motivos de haberse pegado los hijos de ambas de nueve años de edad, tuvieron en la calle una fuerte discusión, llegando a las manos, dando Juana Suárez una bofetada a María Dolores, cogiendo ésta una piedra del suelo, dándole a la primera en la cabeza, cayendo ambas a tierra quedando Juana encima de María hasta que las separaron varias vecinas. Volviendo a agarrarse momentos después, quedando esta vez  María encima de Juana, hasta que las separan nuevamente y se las llevan para sus casas.
Media hora después María se puso de parto, unas horas más tarde María Dolores dio a luz un feto de unos dos o tres meses de formación, que fue presentado en el juzgado y examinado pericialmente, midiendo una pulgada (unos tres centímetros).
En la refriega no hubo heridas de reseñar.
El tribunal falló la absolución de Juana Suárez, alegando que según las investigaciones ésta no sabía que María Dolores estaba embarazada y que el prematuro parto tuvo lugar como consecuencia del disgusto que dos días antes había tenido por la tardanza  en la llegada de su marido y un hijo de nueve años, que habían salido a pescar en un bote con mal estado de la mar, hecho que según el tribunal estaban probados por haberlo comunicado ella misma, llorosa y sofocada, en la pescadería de la villa.

El 9 de agosto de 1886, ocurría otro triste infanticidio, cometido por Faustina Perdomo, natural de Agaete, de 29 años de edad, "soltera, de conducta poco arreglada por tener tres hijos en su dicho estado",  a las cinco de la mañana hallándose acostada en su cama se puso de parto, se echó al suelo, colocó una ropas y poniéndose de rodillas con las piernas separadas todo lo posible, apoyándose en el catre, dio a luz con facilidad sin ningún tipo de auxilio en la soledad de su habitación.
El bebe cayó al suelo sobre las ropas, quedando en posición supina, boca arriba. Creyéndolo muerto natural, lo llevó a un estercolero que se encontraba en la casa con el fin de que sus padres no se enteraran, pues la habían amenazado con echarla de la casa si volvía a quedar embarazada. 
Tuvo allí el cadáver hasta que pasado dos días tuvo conocimiento que iban a remover el estiércol con destinos a unas tierras, por lo que procedió a sacarlo, llevándolo hasta un albercón o estanque próximo a su vivienda, sobre las cinco de la tarde del siguiente día fue descubierto el cadáver flotando en el citado estanque.
La comisión judicial procedió al levantamiento del cuerpo, certificando el médico forense que se trataba de un varón recién nacido, de unos nueve meses de formación.
Tras declarar varios testigos y ser sospechosa Faustina, fue reconocida por el médico forense, que certificó sin ningún género de dudas que había dado a luz recientemente, entre otras porque examinada las mamas segregaban "humor lactiforme claro", el examen genital dejaba claro que se había producido un  parto datado en unos cinco días antes de la exploración.
Realizada la autopsia al bebé, la longitud era de 50 cm., de término viable, que la muerte tuvo lugar en el acto o a poco de haber nacido, no habiendo síntomas de violencia sobre el cuerpo del niño.
El tribunal que juzga a Faustina no pudo probar otra versión que la que dio la acusada de que nació muerto, procediendo a su absolución y puesta en libertad. Dando cuenta al juzgado de paz por una presunta falta de exhumación ilegal de un cadáver.

En marzo de 1888, se produjo un altercado entre los esposos Joaquín  García Bermúdez, de 42 años de edad y Cipriana Montesdeoca, que se habían separado por la mala conducta de la esposa según la sentencia, encontrándose ésta embarazada de ocho meses y conviviendo con otra persona. 
Joaquín tuvo conocimiento de que su exesposa lo estaba desacreditando públicamente, por lo que se presentó en la casa palo en mano, cerró la puerta  y Cipriana, sobrecogida de gran temor al verlo con el palo en actitud amenazante, saltó por una ventana, causándole la caída pequeñas lesiones.
Al día siguiente Ciprina se puso mala y dio a luz una criatura de ocho meses que falleció poco después del parto. 
Joaquín fue condenado a seis meses de cárcel.


El crimen más horrendo del siglo en Agaete, tuvo lugar el 17 de junio de 1885, resultando asesinada por envenenamiento, la niña María Silvestre, de 11 meses de edad, ese crimen tiene una entrada aparte en el siguiente enlace; la cruel venganza de una mujer despechada.

Los pleitos y los cuchillos canarios:
Era costumbre en los hombres ir con el cuchillo canario o naife a la cintura, no había mayor problema salvo cuando se tomaban más copas de la cuenta, por lo que los pleitos con uso de cuchillos son bastante abundantes en la época.

El domingo de Carnaval, 23 de febrero de 1879, en Agaete (Gran Canaria), "pasaba Francisco González Acosta y su mujer por frente a Jacinto de Sosa y su hermana María, a la cual dijo aquél, que parece había abusado del vino, que tenía gana de matarla "desde que robó los higos de la higuera de su madre"; y dirigiéndose á ella en ademan de castigarla trataron de contenerle su cuñada y su suegra.

Trabóse una cuestión entre Jacinto de Sosa y Francisco González, y éste se apodero de un cuchillo que a aquél llevaba en la cintura; pero al ir a hacer un movimiento hacia atrás, o tal vez a arrojar el cuchillo por la espalda, hirió mortalmente a su suegra, que aun le tenía asido por ella, y que murió cuando el mismo, desconociendo la gravedad de la herida, se apresuraba a socorrerla."

Los pleitos y los alcaldes:
El domingo de carnaval, 28 de febrero de 1892, Sebastián García Vizcaíno de 27 años de edad, con unas copas de más, se encontraba en la calle de la Concepción del pueblo, al cruzarse con dos vecinos esgrimió un cuchillo, produciéndose un gran escándalo, personándose el alcalde,  D. Matías Ramos Ponce, que procedió a quitarle el cuchillo y mandarlo al depósito municipal, como no le obedecía solicitó la presencia de una pareja de la Guardia Provincial y como a estos tampoco obedecía, ordeno a la fuerza pública que usara los sables. Al primer sablazo de los servidores públicos en la cabeza de García, se le quitó la borrachera y puso camino del depósito municipal. 
El asunto se saldó además de con una herida leve en la cabeza del carnavalero, con un mes y un día en el calabozo y 125 pesetas de multa.
Guardia provincial  en el puente a principios del siglo XX, cuya única arma era el sable.

El 25 de abril de 1897, el alcalde de la villa D. Cristóbal Jiménez García, intervino para poner orden en un pleito por los impuestos, en el local de la administración de consumo, ordenando a Juan García que quedaba retenido, diciéndole Juan al alcalde que; "hacían falta ocho hombres como él para poder detenerlo" además de otros insultos como que; "sería lamentable que por culpa de un cabrón lo metieran en la cárcel"

Juan García, conocido como "Juan Quintín", terminó con una condena de  un mes de cárcel y 125 pesetas de multa.

Los piñazos:
Por junio de 1880, los hermanos Pedro y Manuel Martín González, se encontraban de tenderete en casa de Vicente Sosa, cuando le dijo Fernando García a Manuel Martín, "hágame el favor compadre de no tomar más bebidas", dándolo a la vez una trompada, quedado agarrado con él como en la lucha canaria, anonadado por la trompá y las copas, se lo llevaron para la casa y lo acostaron. Estando acostado se presentó de nuevo Fernando García y sin mediar palabra volvió a "tronpetiar" a Manuello agarró por el cuello, le dio otra trompada, haciéndole caer en la cuna de su hijo y le mordió en un brazo, saliendo este de su casa huyendo, perseguido por García  que le dio alcance tras tirarle una piedra en la plaza de la villa, revolcándose en una pelea, personándose vara en mano el hermano de Manuel, Pedro Martín González, para separarlos según él, resultando García herido menos grave en la cabeza, al parecer por golpe que con la vara le dio Pedro Martín, aunque Pedro manifestó; "que tuvo que ser con la mano porque le dolía."
El asunto se resolvió después de escuchar a dos testigos, condenando el Juez a los hermanos Martín González a dos meses y un día de arresto mayor, por las lesiones causadas a Fernando García.

Frases curiosas de la gente de Agaete, sacadas de los pleitos judiciales:
Salgan Gandules , pajas largas.
Alcahueta borracha, que solo has servido de colchón y has sido mi perdición....
Chulo, cabrón, cobarde, asesino y bandido....

Deserciones del Ejército:
Era muy común que los jóvenes emigraran de forma clandestina a América para no ser movilizados o mandados a las guerras de Filipinas, Cuba u otras colonias. 
Uno de estos casos lo protagoniza el soldado culeto de artillería, Agustín Antonio Viera, que en abril de 1884, intentó desertar del ejército, embarcandose para la Habana  en el vapor "Ana de Sala", usando el documento de identidad de otra persona, ocultando su condición de militar por la que tenía vetada la salida del país. Fue condenado a la multa de 200 pesetas o cuarenta días de arresto en caso de insolvencia.


Los empeños y estafas:
Empeñar prendas y joyas era una salida cuando apretaba la necesidad y no había nada que echar al caldero. Muchas personas consideraban el empeño una vergüenza y lo hacían a través de otras, así ocurrió  en septiembre de 1886, cuando Dolores Rodríguez, por encargo de Luisa Marrero, empeñó en casa de una prestamista llamada Catalina Marrero, tres camisuelas, un chaquetón de lana y una liña de pescar, por la cantidad de  5 pesetas y treinta céntimos, siendo el valor real de las prendas nueve pesetas con diecinueve céntimos. Pasado algún tiempo Dolores, sin autorización de Luisa, desempeñó las citadas prendas e hizo uso de ellas.
Dolores fue condenada a dos meses y un día de cárcel por un delito de estafa.

Hurto de ganado:
Rara era la familia que no tenía animales en sus viviendas y propiedades, cabras, gallinas, conejos, etc., para abastecerse de leche, huevos y carne, además en los montes y fincas que rodeaban la villa existían numerosos ganados. Los hurtos de animales eran muy frecuentes.
En el mes de agosto de 1886, Miguel Martín, alias "el de Marta", sin instrucción y vecinos de Agaete, mientras el pueblo se divertía en las fiestas, se apoderó en los montes de Agaete, de dieciséis ovejas y tres carneros, propiedad de Sinforiano Jiménez y Salvador Mendoza, llevándolas a su casa. Algunos días más tarde con la ayuda de Cristóbal Arbelo y José Suárez, las trasladaron a Las Palmas, vendiéndose a un tratante por siete reales de plata y cuatro cuartos por cabeza, repartiéndose el dinero entre los tres.
Miguel y Cristóbal fueron condenados por hurto de ganado a la pena de dos meses y un día de prisión, multa de 125 pesetas y el pago de  noventa y dos pesetas a los propietarios del ganado. José Suárez resultó absuelto al demostrar que desconocía la procedencia ilegal del ganado.
Miguel Martín, "El de Marta", falleció el 9 de octubre de 1887, en trágicas circunstancias, como consecuencia de las lesiones que sufrió en una riña con un tratante de ganado en la villa de Santa Brígida.

Los desafíos o retos:
Los desafíos a pelear para rendir cuentas o solucionar desavenencias sin pasar por el juzgado eran algo habituales, así ocurre el 6 de septiembre de 1892, cuando Juan Rosario y Francisco García se encontraban fuera de la plaza mercado de la villa, actual biblioteca pública, se dirigieron expresiones que les molestaron, retandose y juntos se fueron por el camino que va a "la fuente del Álamo", actual pasadizo detrás de la biblioteca que va al barranco. 
Comenzada la pelea Juan le dio un golpe en el hombro a Francisco y este sacó un cuchillo, hiriendo a Francisco en el brazo izquierdo con dos heridas que necesitaron de asistencia médica.
El tribunal condenó a Francisco García a un mes de arresto y a pagar 25 pesetas de indemnización a Juan Rosario.

Delincuente famoso.
El delincuente más famoso de la época del que se tiene  conocimiento es Matías Armas Medina, natural de Agaete, de treinta años en 1896, analfabeto y sin ocupación conocida aunque a ratos ejercía de marinero, al que en apenas cinco años le consta una veintena de detenciones por los más diversos delitos, desde robos, hurtos, atentado a la autoridad, allanamiento de morada, amenazas, injurias, etc. 
Matías se acompañaba para sus fechorías de un burro, donde cargaba lo que sustraía, desde hierros de planchar, alforjas, zapatos, toda clase de ropa, útiles de labranza, cestos y todo lo que el asno pudiera cargar. Pasaba más tiempo en la cárcel de Guía que en libertad.

ooooooOOOOoooooo

*Guardia Provincial: Cuerpo de las milicias canarias, dependiente de la Capitanía General, creado en 1877, que prestaba servicio análogo al de la Guardia Civil en la península, hasta la llegada de ésta a las islas en 1898.


Bibliografía utilizada:
Procesos criminales en Agaete, Periodo 1836-1900, autor D. Rafael Medina García.