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jueves, 1 de febrero de 2018

1745, LAS MILICIAS CANARIAS REPELEN EL ATAQUE PIRATA AL PUERTO DEL JUNCAL.

Miliciano canario con el uniforme de faena del siglo XVIII.

Desde el siglo XVI, las islas eran lugar de paso obligado de la mayor parte del incipiente comercio mundial, las rutas marítimas de 
las metrópolis con los dominios europeos de África, Asia, Oceanía y sobre todo América, tenían como paso obligado y escala los puertos y refugios de las islas, por aquí pasaron la mayor parte de las materias primas y tesoros expoliados en las colonias.
Paralelo a este comercio creció la piratería en nuestros mares, la abundancia de aguas, ganado y huertas en las islas, hizo que los piratas y corsarios se acercaran en numerosas ocasiones a nuestras costas para avituallarse, entablando combates con las milicias canarias, creadas mayormente para rechazar estos desembarcos e intentos de invasiones por parte de moriscos, ingleses, portugueses, franceses y holandeses.
Tras dos años de tranquilidad por los acuerdos internacionales, a principios de febrero de 1745, una flotilla de corsarios ingleses compuesta por cinco navíos asediaba los puerto de  Santa Cruz de Tenerife y Santa Cruz de la Palma, agazapados a la espera de la llegada o partida de barcos comerciales para asaltarlos. Habían capturado dos balandros del trafico de cabotaje entre islas, cargados de trigo de Gran Canaria para Tenerife. 
Armaron los dos balandros capturados y los enarbolaron con pabellón francés. Con esta estrategia consiguieron acercarse y abordar dos fragatas francesas de la Compañía Real de Guinea, que procedentes de Port Louis, Isla Mauricio, buscaban puerto en Canarias para reparar  los destrozos de un fuerte temporal. Poco más tarde la víctima era un bergantín canario con pescado salado.
Los marinos canarios consiguieron burlar en cierta medida a los piratas y corsarios haciendo la travesía ocultos en la oscuridad de la noche, con buen viento, en unas cuatro horas se atravesaban las doce leguas que separan Agaete de Tenerife.
La flota corsaria necesitaba avituallamiento, sobre todo agua y víveres frescos que empezaba a escasear. Tras varios intentos de desembarcar en la costa de Tenerife que fueron rechazados por las milicias chicharreras, decidieron intentarlo en Gran Canaria. 
Dos fragatas, los dos navíos franceses capturados y cuatro lanchones de desembarco, se dirigieron a la costa norte de Gran Canaria. En la zona hay abundantes veriles, caletas, playas y ensenadas, donde vertían agua dulce numerosos arroyos, abundante ganado y huertas para aprovisionarse. 
El Puerto del Juncal en la actualidad.

Echándole un poco de imaginación a los datos aportados por los historiadores el asalto sucedió así:
El Coronel Don José de Andonaegui, Comandante jefe del  regimiento de las milicias canarias de Guía, estaba al tanto de las intenciones de los corsarios y había ordenado el despliegue de las Compañías del regimiento a lo largo de la costa de su demarcación, tres en Arucas-San Felipe, una en Guía, otra en Galdar y la  del Capitán Don Agustín del Castillo en Agaete.
Bandera del Regimiento de Milicias Canarias de  Guía del siglo XVIII, que se conserva en la actualidad en el museo histórico militar de Santa Cruz de Tenerife.

Componían las compañías de forma habitual entre 80 y 100 hombres, además de los soldados profesionales existía una reserva a la que pertenecía prácticamente todo el campesinado y algunos artesanos, los requisitos eran ser mayor de 16 años, por arriba no había edad, hasta que las condiciones físicas lo permitiera, no podían pertenecer a las milicias los esclavos, los negros, mulatos, borriqueros, arrieros y molineros.
Lo nutrido de los reservistas de las milicias canarias se debía a las grandes ventajas que tenía serlo, gozaban de una justicia más suave en caso de delinquir, no podían ser despojados de sus propiedades con ocasión de deudas  entre otros privilegios. 

La milicia tenía sus oficiales de reserva, elegidos por los cabildos, que sin cobrar un maravedí, a cambio de ciertos beneficios, se encargaban en los pueblos de organizar a los reservistas, formaban esta oficialidad los miembros de las familias más acomodadas y poderosas, siendo celebres en el siglo XVII en Agaete, entre otros; los Capitanes Alonso Imperial, Alonso Olivares del Castillo, Cristóbal García del Castillo...,  y en el siglo a  XIX, el Capitán D. Antonio de Armas y Jiménez, todos además ocuparon la alcaldía, el patronazgo y la mayordomía de Nuestras iglesias y ermitas.

Al amanecer del martes día 9 de febrero de 1745,  en el horizonte, frente Agaete aparece la flota corsaria, el Capitán del Castillo despliega sus tres secciones y envía un emisario a caballo a Guía, para dar la novedad al coronel del regimiento. 
La compañía observa la deriva de la flota  desde los altos de los acantilados del Turman y las Moriscas, siguiendo los zigzag que realizan, necesarios para la navegación a vela, al final  los lanchones de desembarco toman el rumbo del Puerto del barranco de Juncal, pequeña cala sita a poco más de un kilómetro del casco urbano de Agaete. Al pie de playa les espera la Compañía de Agustín Del Castillo. 

Las campanas de la pequeña iglesia de Agaete y las ermitas de Las Nieves y San Sebastián, como estaba prevenido tocan a rebato, soliviantando a todo el vecindario, poco más de cuatrocientos vecinos, convocando a la movilización a los milicianos reservistas, que van abandonando las huertas, sus ganados y los lugares de trabajo, armados con lo que pueden, algún arcabuz, cuchillos, ondas, horcones, garrotes, lanzas, hoces y demás aperos de labranza se dirigen al Puerto del Juncal.


Campesino canario dirigiéndose a las milicias, dibujo de 1830.


Las madres y esposa de los milicianos se van concentrando en la pequeña iglesia de la villa, ante la capilla de la patrona, virgen Purísima Inmaculada de la Concepción, entre llantos y rezos piden su intercesión para que vuelvan sanos y salvos los hombres del pueblo. En la lejanía se escucha el estampido de los cañonazos de artillería de los combatientes del Juncal.

Durante la mañana van llegando al Puerto del Juncal los refuerzos de las demás unidades de la guarnición de Guía, dirigiendo las operaciones el Coronel Andonaegui, transmitiendo las ordenes durante la batalla a través del tambor mayor del regimiento. Las milicias dominan las alturas sobre la playa, desde los altos  del "roque de la Fortaleza" y "Punta Gorda", la artillería arroja todo tipo de proyectiles sobre los lanchones de los  corsarios, los navíos piratas lanza continuas andanadas de cañonazos y disparos de fusilería sobre las milicias que resisten bizarramente. Tras más de siete horas de combate, los corsarios ven imposible el desembarco y se retiran rumbo a alta mar.

Pasado unos días la flota corsaria terminó atacando la capital Gomera, siendo rechazados nuevamente, suponiendo que en algún barranco despoblado y sin defensa pudieron hacer aguada.

Coronel Don José de Andonaegui.

El Coronel Andonaegui había nacido en 1685, en Marquina, provincia de Vizcaya, meses después de la gesta del Juncal, fue ascendido a Capitán General y nombrado por el Rey Felipe V, Gobernador de Buenos Aires, murió en Madrid en 1761.

Recreación del combate del Juncal.

Don Rafael Torres Campos en 1901, en su discurso de ingreso en la Real Academia de la Historia dijo que:
«la compenetración del espíritu canario con el alma nacional se revela en la institución de las Milicias. Así puede decirse que la unión con la madre patria a través de las vicisitudes y durante los momentos difíciles ocasionados por las invasiones piráticas y guerras de los siglos XVI al XVIII, se ha mantenido no por obra de la metrópoli, sino en virtud del noble esfuerzo del pueblo canario».

Si bien hoy en día algunas calles de nuestro municipio llevan nombre de aquellos oficiales de la milicia, es una tristeza que esos valientes campesinos, muchos agaetenses, antepasados nuestros, que defendieron nuestras costas durante siglos contra el robo y el expolio corsario-pirata, no tengan un recuerdo, una calle, una placa o un monumento en toda la comarca.
                           Milicianos canarios siglo XVIII

Este ataque había sido localizado hasta hace poco en el puerto de Las Nieves de Agaete, (Rumeu de Armas) modernas investigaciones lo concretan en el Puerto del Juncal, limites de Agaete y Galdar. (ANTONIO BÉTHENCOURT MASSIEU)

Bibliografía consultada:
El corsarismo en Canarias, Enrique Pérez Herrero.
Canarias en los conflictos navales de 1727 y 1739-1748. Nuevas aportaciones ANTONIO BÉTHENCOURT MASSIEU.
ANTONIO RUMEU DE ARMAS PIRATERÍAS Y ATAQUES NAVALES CONTRA LAS ISLAS CANARIAS.
Foro de historia militar Gran Capitán.
Arquitectura y artes Plásticas en la Villa de Agaete, Antonio J. Cruz y Saavedra.
Historia de las milicias Canarias, Abad Ripoll.






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