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domingo, 6 de noviembre de 2016

LAS AGUAS TERMALES DE SAN PEDRO, EN EL VALLE DE AGAETE.



"En medio de este Valle, donde Dios ha derramado abundantemente sus dones, tiene nacimiento a una altura un poco mayor que otros arroyos que fertilizan estos hermosos campos, un rico caudal de aguas termales, en las que gracias al incansable celo y patriotismo de nuestro amigo Don Antonio de Armas y Jimenez, se han descubierto propiedades medicinales harto apreciables, según los datos que tenemos a la vista.

En efecto; el señor de Armas, que no perdona medio ni sacrificio para cuanto tienda al bienestar y fomento de la población que le vio nacer, mandó hace ya algunos años, practicar un análisis de las referidas aguas, siendo el resultado bastante satisfactorio. De él resulta que tienen las aguas una composición química análoga a las renombradas del barranco de Azuaje (jurisdicción de Firgas) y por consiguiente, aplicación igual para la curación de enfermedades venéreas, principalmente en sus  afecciones externas, enfermedades de la piel y algunas otras que no podemos precisar por ser ajenos a la profesión. Lo que sí podemos verídicamente asegurar es que hemos visto curas rápidas y eficaces en varias personas. Los vecinos de este valle, desde que se hizo el primer análisis, se las vienen propinando de por sí, en bebidas y en baños, para atacar ciertas enfermedades, obteniendo siempre buen resultado. 

Tanto el Ayuntamiento como el señor de Armas están dispuestos, en beneficio de la humanidad doliente, a hacer, desde la próxima temporada balnearia, en caso de que las aguas tomen nombre y concurran enfermos a buscar su salud en ellas, todos los trabajos que el estado actual de la ciencia médica exija.

Demás está decir, después de la reseña arriba hecha, que los bañistas encontrarían aquí todas las cosas necesarias y gratas a la, vida: abundantes y cristalinos arroyos, clima y temperatura agradables, muchas y exquisitas frutas, variados paisajes y pintorescas vistas; y sobre todo, gente de buen trato y de costumbres intachables.

Si a las circunstancias que hemos transcrito, añadimos que dentro de poco será un hecho la terminación de la carretera que pondrá al pueblo en comunicación con Las Palmas, tratando además el Ayuntamiento, con ayuda del vecindario, de hacer transitable, aun para carruajes, el camino que desde la villa conduce al nacimiento de las aguas, y dadas las notables propiedades de éstas, no se nos tachará de muy exagerados si auguramos para Agaete un lisonjero
porvenir".

JOSÉ SÁNCHEZ y SÁNCHEZ. 
23 de Abril de 1882, Revista Canarias nº 82.

Aunque eran conocidas desde  mucho antes, es esta la primera referencia que he encontrado del uso público y explotación de las aguas termales del Valle de Agaete. 
Cuenta la tradición oral que al parecer los Armas, propietarios del terreno donde nace el manantial, mandaron un trabajador a limpiarlo de lodos, el trabajador tenía una rara enfermedad en la piel de sus brazos  y mejoró notablemente tras estar en contacto con aquellos lodos ferruginosos. La noticia corrió como la pólvora por la Villa y  se convirtió en un peregrinaje la visita al manantial de enfermos de la zona. 
En ese mismo año 1882, se construye junto al manantial, situado en el barranquillo de montaña Gorda, el primer rudimentario balneario.



Primer balneario, principios del siglo XX. las tres tinas.








Los restos del  antiguo balneario en la actualidad.

Es arrendada su explotación a un pequeño comerciante de San Pedro, llamado Juan Suárez García, que se traslada junto con su familia al lugar, habilitando unas cuevas de la zona como vivienda.
Juan Suárez amplía las primeras tres tinas de baños con otras instalaciones para el uso de los primeros enfermos y "turistas de salud" que comienzan a llegar.


Casa cueva, vivienda de la familia de Juan Suárez.

La escritora inglesa Olivia Stone, en su libro de viajes, "Tenerife y sus seis satélites" de 1.887, al referirse a su visita a Agaete en 1885, narra como una de las diez razones para visitar la Villa, "sus aguas minerales muy curativas".
Por su parte, el escritor inglés Alfred Samler Brown, en su "guía turística" de 1898, cita que Agaete es famoso por sus aguas; "por ello puede llegar a ser el lugar más importante de Gran Canaria para turismo de salud."


A finales del siglo XIX, con la finalización de la carretera a Las Palmas, el auge del tráfico de cabotaje con la isla de Tenerife y otras localidades, comienza a llegar los primeros turistas de salud, que tienen que hacer el recorrido entre el pueblo y el balneario en animales, más tarde los Manrique hacen llegar la carretera hasta las Longueras y el camino para carruajes hasta las Casas del Camino, el trayecto en bestias se acorta.



Camino del balneario años treinta, foto FEDAC.

Ya a principios del siglo XX, son afamadas las aguas minero medicinales y ferruginosas del manantial de "los Berrazales", que emanan a una temperatura agradable de 23 grados. 
En la temporada de baños, una media de cuarenta personas permanecen diariamente por aquellos riscales para beber el agua o tomar baños, unos como puro placer y otros enfermos en busca de cura, son muchas las crónicas que hablan de curaciones casi milagrosas. 
Los baños no dejaban de ser un peligro por la emanación de fuertes gases sulfurosos, que ocasionaron algún que otra asfixia, como la de la esposa de D. Antonio Pina, por esta causa los cuartillos donde se encontraban las tinas, carecían de techo.

En el mes de septiembre de 1912, ocurren una serie de desprendimientos  que culminan a las once de la mañana del día cinco, con la caída de grandes piedras que causan enormes daños materiales a las precarias instalaciones y lesiones a numerosos bañista, siendo el de mayor gravedad una persona de Tirajana, al que le sorprendió los desprendimiento dentro de la tina. Se encontraban en la zona unas cuarenta personas que corrieron despavoridas valle abajo, teniendo que ser asistida hasta la propia esposa de Juan Suárez, María García, de un síncope, según la prensa de la época.
Los desprendimientos de rocas y tierras en el balneario, en la prensa del año 1912.

El suceso supuso un mazazo para la incipiente industria de la salud que empezaba a amanecer en Agaete, se dio por terminada la temporada de baños de aquel año de 1912.
Había que buscar una alternativa a aquel peligroso lugar y por aquellos años se empieza a construirse el primer hotel, denominado "la Salud", propiedad de D. Antonio Abad Ramos Medina. El hotel se inaugura en 1923, más tarde es alquilado por los Suárez, una edificación que se encontraba más abajo del manantial, pero relativamente cerca, es la actual "casa Esperanza" o "San Pablo", propiedad en la actualidad de la iglesia, que los Suárez ampliaron con la construcción de once habitaciones en las proximidades. 
Hotel la salud, primeras décadas del siglo XX.

En 1928, ya son más de dos mil personas los usuarios de las aguas del manantial en la temporada de baños, de Mayo a Octubre.
En plena temporada de baños de 1928, en el mes de junio, el director de Sanidad gira visita de inspección al balneario, denunciando graves deficiencias en algunos servicios, ordenando el gobernador civil de la provincia su cierre hasta subsanar las deficiencias, a su vez se observan deficiencias en balneario de Azuaje que también es cerrado.
El cierre en la prensa nacional, ABC de 30 de junio de 1928.



Publicidad en la prensa del hotel "La Salud" en 1923, 



Publicidad del nuevo hotel en la prensa de la época, 1931, ya arrendado por los "hijos de Juan Suárez".

En los años veinte del pasado siglo, durante la dictadura de Primo de Rivera, se produce un litigio por el control de la propiedad y explotación del manantial entre diversos propietarios que reclaman la utilidad pública de las aguas al gobierno de la nación, que culminó con la resolución de 12 Enero de 1929, (Gaceta de Madrid nº 15, de 1929) del ministro de la Gobernación Martínez Anido.
La propuesta de utilidad pública del manantial, la inician dos propietarios de las aguas del estanque de la Solana, provenientes del naciente minero medicinal, D. Juan Rosario y Martínez y D. Juán Gil Rodríguez, que tienen varios días de agua del citado estanque, con intención de su explotación.
La poderosa e influyente familia de Armas, maniobra y solicita a su vez la explotación del manantial, presentando el proyecto de un moderno balneario a construir en la zona, alegando ser los propietarios de los terrenos donde nacen las aguas y por tantos únicos con derechos sobre las mismas.
La resolución da la razón, en cuanto a únicos propietarios para su explotación a; D. Francisco Bethencourt y Armas, Dña. Leonor Ramos de Armas (viuda del poeta Tomás Morales) y D. Francisco de Armas Merino, propietarios de los terrenos donde nace las aguas y autorizan construir un nuevo balneario, según proyecto del arquitecto Sr. Massanet,  las declara de utilidad pública, dándole dos años de plazo para la construcción del nuevo balneario.
Resolución de 1929, en que se declara de utilidad pública las aguas de los Berrazales y se autoriza su explotación legal a la familia de Armas.


En 1931, los Armas inaugura el nuevo balneario que dispone de 14 tinas individuales para baños. Los Suárez a su vez en vista del negocio venidero comienza a construir el actual hotel (o lo que queda de él) "Princesa Guayarmina", mediante una escalinata lo comunican con el cercano balneario de los "Armas". Ambos negocios son complementarios, creándose muchos puestos de trabajo en la localidad.
El balneario recién construido, (FEDAC)

Interior del balneario en su apogeo. 

En 1933, los Suárez abandonan el arrendamiento del Hotel "La Salud" y se dedican de lleno a la explotación del nuevo hotel de su propiedad, "Guayarmina".
En 1934, el hotel y los baños tienen 45 empleados, además de unas doce familias que viven de él, en total unas  sesenta familias se ganan la vida gracias al hotel.


Publicidad Hotel Guayarmina, año 1934.

Después de la Guerra Civil la carretera ya llega al balneario y al Hotel, comenzando la época dorada del turismo de salud en los Berrazales, que dura hasta finales de los años sesenta del pasado siglo.
El 24 de abril de 1941, el Estado Mayor del Ejército, ante la posibilidad de entrada de España en la II Guerra Mundial al lado de Alemania e Italia y la previsible invasión de las islas por Gran Bretaña, mediante la Orden General nº 1, de abril de 1941, ordenan el despliegue de fuerzas y fortificación por toda las isla, previniendo que el balneario y el hotel  "Guayarmina" de Agaete, serían convertidos en hospitales de campaña y centro de evacuación de heridos  y damnificados, afortunadamente no se entró en la contienda.



Balneario, Hotel Guayarmina y Hotel la salud.


En los años cincuenta del pasado siglo, uno de los propietarios del balneario, D. Santiago de Armas Medina, ya vende alegalmente miles de botellas de aguas minero medicinales anuales y solicita su legalización a la Dirección General de Minas.
Mediante resolución de 10 de Noviembre de 1955, le es concedida la legalización de la industria embotelladora de las aguas minero medicinales del manantial de los Berrazales, con capacidad para embotellar 500.000 botellas anuales.


Resolución de 1955, legalización de la embotelladora de aguas, "Los Berrazales", BOE nº 339, de 1955.



Usuarios del balneario años treinta-cuarenta, (FEDAC)

Como toda la isla, el manantial fue exprimido más de la cuenta y llegó a su agotamiento, la poca agua que quedaba se dedicaba al más lucrativo negocio de embotellado, el bonito y  pintoresco balneario, terminó por convertirse en una embotelladora de agua, que estuvo en funcionamiento hasta mediados de los años noventa del pasado siglo que echó el cierre  definitivamente.
El declive y cierre del balneario arrastró al Hotel Guayarmina, que atrancas y barrancas sobrevivió, con esporádicos arrendamientos, cierres y aperturas en explotación en plan familiar, hasta su cierre definitivo  en el 2006.

Estado actual del balneario.


Antigua chapa de cierre de las botellas de agua.



Antigua botella de agua de los Berrazales, Agaete.

Propaganda hotel Guayarmina años sesenta.


Análisis químico de las aguas, 1935.

Hotel La Salud, años veinte del siglo XX.

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