domingo, 16 de septiembre de 2018

EL AGAETE MORISCO, EL ORIGEN DE LA PALABRA CULETO.

Esclavos plantando caña de azúcar.

Agaete, cada vez menos desafortunadamente, aún conserva en su casco antiguo la apariencia de caserío morisco, callejones y calles estrechas, casas cúbicas escalonadas en las laderas, fachadas  y paredes blancas, tejas árabes en las casas más antiguas,  la iglesia con su amplia cúpula simulando una gran mezquita, las palmeras, ante muy abundantes... 

El carácter de la gente de Agaete me recuerda al carácter  hospitalario, callejero, paciente, cariñoso y alegre de nuestros vecinos  del Sahara occidental con los que conviví durante diez años en mi infancia y adolescencia. Los rasgos físicos de una buena parte de los agaetenses, la piel  morena, pelo negro ensortijado, labios carnosos, están más cerca de nuestros vecinos africanos que de los conquistadores europeos.

Muchos topónimos de la localidad nos recuerda la presencia berberisca en otros tiempos; la cueva del moro, el barranquillo de los moros, lomo y montaña las moriscas, la cueva de la negra, la baja del negro Segura, barranquillo de la cueva de los moros, cueva del negro, playa del negro, etc.
Existen una multitud de documentos históricos que certifican la presencia de esclavos moriscos y subsaharianos en Agaete. Uno de los más antiguos son las cuentas del ingenio azucarero de 1503-1504, que se conservan en el archivo de Simancas. De  los datos de dichos documentos se puede extraer que en el ingenio azucarero del primitivo caserío de  Agaete en  1503, trabajaban unos 35 o 40 esclavos, unos propiedad de los propietarios de la hacienda y otros que se alquilaban para la zafra de la caña a traficantes, a estos hay que sumar los que trabajaban en otros cultivos o tareas domesticas de los hacendados. 
Si tenemos en cuenta que la población de la villa en 1737, es de 168 vecinos, según las Constituciones Synodales del obispado y según el historiador Pedro del Castillo, 170 vecinos en 1739, el porcentaje de población morisca y negra, sobre el total de la población debió ser elevado.
Agaete años ochenta del pasado siglo.

El testamento de Antón Cerezo, fechado en 1535, propietario del ingenio azucarero de la villa, pagina 88 dice: "Mando que Juana mi esclava de color negro sirva a mis herederos cinco años después de mi muerte y servidos sea horra y libre, por los buenos servicios que me ha hecho, y Jacomito niño hijo dicha esclava, sirva a mi hijo Francisco Palomar hasta los veinte años que será libre horro de todo cautiverio y sujeción, mando a mi hijo que lo vista y trate igual que lo he tratado yo desde el momento que nació en mi casa".
De lo que se se puede deducir que la esclava negra era algo más que simple criada y que el viejo Antón era el padre de la criatura, algo muy habitual en la época.
Antón Cerezo y su hijo Francisco de Palomar.

En el testamento de las hermanas Juana de Cabrejas y Betancurt y Francisca de Cabrejas y Betancourt, dado en el año 1704, descendientes del último rey aborigen Tenesor Semidan, bautizado Fernando Guanarteme, propietarias de una tercera parte del "redondo de Guayedra", dejan esta propiedad a sus familiares y sucesores con la condición de estar obligados a casarse con personas cristianas, no descendientes de negros, mulatos, esclavos, moros o judíos, excluyendo incluso a los recién convertidos.
En agosto de 1704, el tribunal de la inquisición procesa a la mulata Juana López natural de Agaete, conocida como "la aulaga", por practicar brujería, y así un largo etc.
Todo lo anterior demuestra la presencia desde finales del siglo XV de población negra y morisca, capturados en la vecina costa africana como mano de obra esclava y barata. 
La esclavitud fue abolida a principios del siglo XIX.
La población de Agaete siempre tuvo fama de ser más oscura que la del resto de la isla, aunque ya hoy en día el mestizaje y la globalización va acabando con dicha herencia. Aun en la actualidad muchos agaetenses llevan unido a su nombre el apodo "el negro".

La gente de Agaete es conocida por el gentilicio de "culetas y culetos", cuando buscamos en los archivos no aparecen referencias lejanas escritas de esta palabra, prácticamente empiezan a aparecer en los años setenta, quizás porque lo que hoy es seña de identidad y orgullo, fue en otro tiempo un apodo burlesco puesto por alguien de fuera, como la mayoría de los "nombretes", de forma peyorativa o con desprecio y eso no era ético ponerlo por escrito según los cánones de la época.
En una ocasión hace muchos años le pregunté a mi abuela nacida a finales del siglo XIX, de porqué nos llamaban culetos y la respuesta fue; "que desde siempre nos habían llamado culetos, pero que no sabía el motivo". En estos días he vuelto a preguntar a unos cuantos ancianos, algunos superan ampliamente los noventa años de edad como mi maestro de la infancia D. Juan Álamo y todos contesta lo mismo; siempre lo habían escuchado y a su vez lo escucharon a sus antepasados, pero ninguno tenía una explicación del significado del vocablo, por lo que podemos llegar a la conclusión que el gentilicio se usa y conoce desde tiempos inmemoriales.
Me viene a la memoria recuerdos de mi niñez, cuando peleábamos con niños de Galdar en la playa, nos llamaban despectivamente culetos y nosotros le respondíamos con "legarteros".
En Canarias se conocían a las cabras por el color del pelaje, así las grises eran moriscas, la canela, melá, la blaca, rusia,..., y las que tenían la mitad delantera negra y mitad trasera blanca, CULETA.
Cabra culeta. Dicho de una cabra, blanca en su mitad trasera y de otro color el resto del cuerpo. (Academia canaria de la lengua)


No hay datos documentales de la explicación del gentilicio de los naturales de "la villa culeta", ni siquiera tradición oral sobre el origen, si bien hay varias teorías, esta relacionada con la cabra culeta, mitad blanca y mitad negra, como fue durante unos cuantos siglos la población de Agaete, hasta que el mestizaje fue diluyendo las diferencias raciales, siguiendo el principio de la lógica de que la explicación más sencilla suele ser la más probable, y porque me parece la más romántica, creo que aun siendo solo una teoría, es la más acertada para el origen de la palabra que hoy en día es una seña de identidad de los naturales de la villa y un orgullo lucir.



Posdata.


Como bien se dice en el artículo, es solo una teoría, pero existen muchas más, algunas me las han ido comunicando por mensajes privados después de publicar la entrada, por ejemplo la que la relaciona con el fútbol y la uniformidad del Agaete, igual a la del Barcelona a partir de los años cuarenta, los culé. La que lo relaciona con la adoración en la antigüedad a una diosa aborigen con el culo grande, tipo ídolo de Tara. La de lugar de abundantes culatas, culatillas, sitios con mucha agua. La que la relaciona con la cabra culeta por lo oscuro del torso desnudo y el calzón blanco que usaban los pescadores. La muy elaborada del periné y el origen portugués de la palabra culeta. La que lo relaciona con la lejanía de la capital antes del siglo XX, cuando no habían carreteras,  Agaete era el culo del mundo. La última la relaciona con un partido de fútbol en Barrial, Galdar, en los años treinta, donde jugaron sin camisa y alguien dijo que se parecían a un ganado de cabras culetas, lo que apoya mi teoría de la cabra y el color de la piel de los culetos.
Como el significado de la palabra Agaete o la misma rama, "no busquemos más explicaciones, no la tiene ni la encontraremos", ni falta que hace.


Bibliografía consultada:
ESPECIALISTAS Y TRABAJADORES EN EL INGENIO DE AZÚCAR DE AGAETE (1503-1504) Mariano Gambín García
Testamento de Antón Cerezo, (Julio Sánchez Rodríguez y Enrique Pérez Herrero)
Testamento hermanas Cabrejas Betancourt
La conquista de Tamarant (Normando Moreno Santana).



lunes, 3 de septiembre de 2018

LA AVARICIA, EL MACRO MUELLE Y LA FELICIDAD.

Puerto de Las Nieves, familia de Matías Armas Saavedra, (facebook?).

Hace más de cien años un joven periodista apellidado Jiménez Martínez, publicó el 26 de junio de 1900, en un semanario de Tenerife la siguiente  narración dramática, ambientada en el Agaete de principios del siglo XX, que debió conocer, con una moraleja al final que hoy en día podemos aplicar a la ampliación prevista del muelle actual. La crónica no deja el casco de la villa en buen lugar, si el Valle, debe de ser porque en 1900, ya estaría en plena efervescencia el pleito local entre el Valle y Agaete o tal vez el insular al tratarse de la prensa chicharrera:

"Agaete no tiene nada de pueblo bonito. Las calles todas empinadas y empedradas, la plaza o pequeña alameda desnuda de árboles y cuyos muros se encuentran actualmente medio derruidos y  desencalados, la iglesia, aunque acabada de fabricar, fea y que más que iglesia parece un palacio de tiempos atrás: todo presenta en la antigua villa un aspecto de pueblo pobre y miserable, donde se rinde demasiado culto al dios Baco y donde la religión de sus habitantes es la maldita pereza que les hace tender en mitad del arroyo, formando círculos y casinos improvisados, donde con lengua inhumana se rasga la honra y el honor del desgraciado ser, mujer u hombre, que recorra las calles donde ellos se encuentren (en esto último seguimos igual).
Pero todas estas malas cualidades que hacen antipático a cualquier pueblo, quedan olvidadas desde que el viajero, saliendo de aquel centro de vicios y corrupción, llega al precioso Valle de Agaete.
El Valle años treinta del pasado siglo.

Rodeado éste por unos enormes riscos, medio verdes y medio azules, es tan fecundo en producir, que sin miedo a ninguna de las cuatro estaciones del año, aparece siempre vestido de las preciosas galas de que le dotó la pródiga naturaleza. Y subiendo siempre, dejando atrás la tierra que abrió el arado y removió la azada del labrador, se llega a la tierra alta, bajo el pinar montañoso, donde los pinos que se abrazan, las higueras que culebreando se extienden por el suelo, los naranjos que muestran su dorada y deliciosa fruta y los cidros, que despiden el aroma embriagador de sus verdosos vástagos, forman un bosque grande y hermoso, en cuyo interior alguien, para gozar de tanta delicia, fabricó una casita blanca y limpia, habitación de dicha y felicidad. En ella sueñan, más que viven Juan del Rosario y Soledad Suárez, que se habían casado hacía un año, y que para abandonar el pueblo donde no se  conocía más que el infortunio, construyeron las cuatro paredes en medio de tantos árboles y flores.
Sin duda serían muy felices. Aquí no cogería él las borracheras de meses atrás, ni ella le diría con aquella moña que se daba las porquerías que le decía en otro tiempo. -Mira, tú sigues recogiendo los frutos y llevándolos al pueblo, los vendes en la recoba a como te dé la realísima gana, compras el gofito toitos los días y yo jago aquí queso, que pa eso da leche la rusia y la zajonáa (cabras). cuando te vuelvan a dicir tus amigos que te vayas pa bajo, mándalos al cuesno, que pa ná los necesitas.
Pero el diablo que en todo se mete, llegó también a romper los lazos de dicha con que estaban anudados en medio del hermoso bosque, entre las cuatro paredes de la casita blanca, Juan del Rosario y Soledad Suárez.
Mientras más tenían, más querían, y avaros en todo, llegaron a arrancar los árboles del bosque para hacer leña y venderla en el pueblo. Al golpe del hacha cayeron los pinos, rodaron las higueras y los naranjos, y cortados los cidros, ya no se aspiraba el aroma delicioso de sus frutos. Un día el sol cayó sobre las flores y las plantas de la llanura, secándolas, matándolas, porque ya los árboles no las protegían con sus ramas y faltó la yerba y no dieron más leche la rusia y la zajonaa.
Finca de Samsó, Tamadaba años cuarenta del pasado siglo, cuando la extracción desordenada de madera casi arrasa el pinar.

Y otro día Juan del Rosario llegó de la tierra baja sin dinero y ebrio, sentó sobre la cara de su mujer los cinco mandamientos por quítame allá esas pajas, y Soledad, enfurecida, hizo pedazos una cacerola en la cabeza de su marido. Juan volvió a darle con manos y pies, y Soledad hundió en el corazón de él el cuchillo con que pelaba las papas y loca salió de la casita blanca, echó a correr ciega de coraje y rodó peñas abajo hasta caer en el abismo, destrozada, muerta, mientras el viento impetuoso arrastraba la casita pequeña y blanca, que ya no estaba al amparo de los árboles y mientras se morían de hambre la rusia y la zajonáa."
Desde el Puerto de las Nieves a el fondo del valle, pasando por Tamadaba, la avaricia es enemiga de la felicidad.
Sustituyamos los árboles y plantas, por el mar, el paisaje, los senderos y nuestras playas, a la rusia y la zajonáa por la tranquilidad, la agricultura ecológica, lo pintoresco de nuestro entorno o el turismo ordenado, a Juan y Soledad por los que no escuchan al pueblo, los que especulan con el entorno, por el cemento sin ton ni son..., porque ademas de ser enemiga de la felicidad, la avaricia también rompe el pueblo, digo el saco...
NO EN MI NOMBRE: