viernes, 14 de abril de 2017

LA HISTORIA DEL HUERTO DE LAS FLORES.

El "huerto de las flores" antes de 1896, (FEDAC)

En este reducto de la naturaleza donde dios derramó notables dones que se llama Agaete, en medio del casco urbano, junto al barranco, existe un lugar que a simple vista no es más que un resplandor verdoso en esta parte seca del valle de Agaete.
No tendría mayor importancia si no fuera por su historia, los árboles y plantas que contiene, que lo convierten en algo singular en la isla de Gran Canaria.
El huerto fue configurado con la unión de dos fincas separadas por el "barranquillo", una el actual huerto y la otra el actual aparcamiento público colindante, compradas por don Francisco Cayetano de Armas Pino, que nació en Agaete el día 7 de agosto de 1796. El huerto que en un principio no fue sino una propiedad más de la familia de Armas, para producir y comercializar frutas y verduras, fue poco a poco convirtiéndose en algo más que un simple huerto. Por herencia llegó la propiedad a un nieto  de primer de Armas propietario, D. Francisco de Armas Merino, gran amante de la botánica.
D. Francisco aprovechaba sus viajes, los viajes de los familiares o de los agaetenses, en especial al Caribe, para traer o encargarles esquejes y semillas exóticas que con mucho mimo fue  plantando en el huerto.


Fotografía anterior a 1896, se observa la plantación de plataneras en una parte del huerto.

El microclima que se da en Agaete, con prácticamente las mismas horas de sol que en la zona sur, una tierra volcánica agradecida, con una pluviometría generosa y abundantes manantiales ricos en nutrientes, fuente de "los Chorros", heredad del "Caidero" y del "Álamo", algunos ya agotados, hicieron el milagro de que en apenas cuatro mil metros cuadrados crezcan en armonía, más de cien especies de árboles y plantas procedentes de diferentes partes de la tierra.
En 1.883, la escritora de viajes inglesa Olivia Stone, visita el huerto en compañía de D. Antonio de Armas y así lo cuenta en su libro "Tenerife y sus seis satélites"; "...nos llevó a visitar su jardín, no el que está contiguo a su gran casa, sino uno que está más abajo, cerca del barranco, comenzó a llover fuertemente, pero el espeso follaje de los árboles evitaba que nos mojáramos, protegiéndonos por completo, naranjas, mangos y guayabas, caían de los árboles y los pisábamos al caminar, plátanos, aguacates y toda clase de frutas crecían en abundancia. El jardín era en realidad una selva de vegetación exuberante...."
Fotografía posterior al temporal de 1896, sobre 1900, se observa como el barranco arrasó la mitad del huerto, muros en construcción, fotografía realizada desde el puente.

El huerto no fue ajeno a las catástrofes naturales que azotaron Agaete a lo largo de los tiempos, así el 19 de febrero de 1896,  un fuerte temporal de agua hizo que el barranco corriera como no lo había hecho nunca, llevándose edificaciones y arrasando la mayor parte del huerto, arrancando  árboles centenarios que fueron a parar a la marea, dejando la mayor parte del terreno convertido en un pedregal.
Con las ayudas que se recaudan, gracias a la solidaridad de toda España, incluida la reina que manda un donativo para la reconstrucción de los daños, el huerto se reconstruye, se vuelve a rellenar de tierra, comenzando la familia De Armas la replantación de nuevas especies exóticas, conseguidas por viajeros, marineros o traídas por D. Francisco de Armas Merino del jardín botánico de la Orotova.
En 1927, la familia de Armas arrienda el huerto a un agricultor, pequeño propietario de tierras, llamado D. Isidro García Sosa, padre del que fuera alcalde de la villa D. José Antonio García Álamo, quien continuó  con la plantación de especies exóticas, a la vez que se plantaban plataneras y tomates en parte  del huerto.
En 1955, tras la muerte de D. Francisco de Armas Merino el Huerto pasa a propiedad de su hijo, el escultor y ex alcalde de la localidad D. José de Armas Medina.


D. José de Armas Medina, último propietario del Huerto de las Flores. (el imaginero D. José de Armas Medina)

Entre 1973 y 1974, el ayuntamiento realiza gestiones para intentar que el "huerto" pase a propiedad municipal, haciendo un enorme esfuerzo económico para la época, siendo finalmente vendido en julio de 1974, por poco más de dos millones y medio de las antiguas pesetas, unos 15.000 euros. Era época de sequía y de carestía del agua y el huerto pasó sed al igual que el pueblo y estuvo a punto de perecer, pero afortunadamente aguantó, el alcalde D. José Antonio García Álamo, que sentía una devoción casi espiritual por el huerto, donde pasaba muchas horas tijera de podar en mano, plantó nuevas especies, algunas procedentes del vivero del botánico Kunkel y le dio el impulso que le hacía falta.
Así el árbol del alcanfor, de la canela (ya desaparecido), el de las maracas (güiros), el pitango japonés, el mítico tamarindo, que ya en el Génesis, 21, 33, se lee; "el primer árbol que Abraham plantó en Bersabé fue un tamarindo", la lima y el limón, el canistel, la avellana australiana, "el borrachito", árbol curioso lleno de espina, llamado así en América porque el que se arrima borracho termina arañado por las espinas, café, diversas variedades de mangos, jacarandas, flamboyanes,.... florecen cada año. Presidiéndolo todo un gran pino canario y cuatro palmeras centenarias, que algunos escritores aseguraron que dieron cobijo a los aborígenes de la isla y de las que ya queda solo una.


Palo borracho.

Gúiro o árbol de las maracas.

El huerto fue lugar de tertulias y en él se inspiraron nuestros mejores escritores, poetas, Tomás Morales, Saulo Torón, Alonso Quesada, los hermanos de la Torre, D. Francisco de Armas, pintores, escultores, arquitectos y muchos más que dieron esplendor y gloria a nuestra tierra. 
Era también lugar de oración, recuerdo en mi niñez como todas las tardes a mediado de los años sesenta del pasado siglo, mi bisabuela "mana Ciona", nos llevaba a rezar el rosario junto a las "niñas Medina", Señoritas Grabiela y Juana, dos ancianas solteronas, tías del propietario D. José de Armas. Recuerdo aquel coro de abuelas enlutadas hasta los tobillos, sentadas en los sillones de mimbre, los niños en el centro sentados en el suelo, el premio de aguantar la letanía era saborear un cartucho de mangos, mientras las ancianas se tomaban un café del propio huerto, antes muy abundante y que una decisión municipal poco acertada acabó con él.
Hoy el Huerto de las Flores es patrimonio del pueblo de Agaete, porque es arte y poesía, es belleza y la belleza debe de disfrutarla también los humildes, es historia y recuerdos y la historia debe pertenecer a los pueblos.

El Huerto 1975, cuadro al oleo, del autor del blog.

La constitución del huerto de las flores  está documentada en sus escrituras de 23 de Mayo de 1833 y 1842.

"Otra finca bajo de riego y con arbolado, denominada Huertos de las Flores por donde se halla cercada de mampostería y tiene en su interior un pequeño cuarto junto a la portada de entrada. Tiene de superficie quince celemines un cuartillo y una media braza equivalentes a veinte y cuatro áreas, nueve centiáreas y cinco mil seiscientos noventa y nueve centímetros cuadrados, y linda por el naciente con la calle de su situación. Poniente con el barranco Público, Norte terrenos que fueron de Juan García Suárez y de don Francisco Herrera Ramos, y Sur, con huerto de herederos de doña Candelaria de Sosa. Esta finca se ha formado con la unión de dos trozos que adquirió don Francisco de Armas Pino, en la forma siguiente: un trozo por remate que hizo a la Real Hacienda, según escritura que, en nombre de la misma, le otorgó el Señor Intendente de la Provincia, en Santa Cruz de Tenerife, ante el escribano público don Manuel del Castillo, el trece de julio de mil ochocientos treinta y tres, habiéndose tomado razón en la antigua contaduría al folio ochenta y dos vuelto del protocolo primero; y el otro, por compra ejecutada a don Cristóbal y doña Margarita Sánchez, en escritura otorgada por ésta y por don Fernando Ramos, como apoderado de don Cristóbal, en la ciudad de Guía ante el Escribano público don Ángel Rodríguez de Tovar, el veinte y tres de mayo de mil ochocientos cuarenta y dos, habiéndose razonado en la antigua contaduría, al folio ciento veinte y dos vuelto del protocolo tercero. Su valor setecientos veinte y nueve pesetas, setenta y dos céntimos."

Al fondo palmera  washingtoniana plantada por mí en el año 1979, apenas tenía poco más un metro de altura, la tenía mi madre en una maceta y empezaba a ser molesta por la altura, pedimos autorización al alcalde D. José Antonio García Álamo y no dio permiso para plantarla   en esa zona que en aquella época estaba despejada.

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