domingo, 26 de julio de 2026

NIEVITA LA CAMBULLONERA, EL ALMA DE LA RAMA.


La historia de una mujer que convirtió su devoción, su alegría y su baile en uno de los símbolos más queridos de las fiestas de Agaete.


Si hay una figura que permanece ligada de forma imborrable a la historia y al sentir de nuestras fiestas, esa es la de Nieves García del Rosario, la entrañable «Nievita la Cambullonera». Vino al mundo en los primeros años del siglo XX y falleció a la admirable edad de 102 años, dejándonos una profunda huella en cuantos tuvimos la fortuna de conocerla. Nacida en Agaete, desarrolló gran parte de su vida en el barrio de La Isleta, en Las Palmas de Gran Canaria, nunca dejó de sentirse hija del Valle de Agaete, tierra que llevó siempre en el corazón. A ello se unía su profunda y sincera devoción por la Virgen de las Nieves, a quien profesó una fe inquebrantable y un amor que la acompañó hasta el final de sus días. Su recuerdo sigue vivo en la memoria colectiva de nuestro pueblo, formando ya parte del patrimonio humano y sentimental de estas fiestas.

Año tras año, mientras la salud y las fuerzas se lo permitieron, regresó fiel a su cita con La bajada de la Rama para cumplir la promesa que había hecho a su Virgen. Su presencia era inconfundible y esperada por todos. Vestida con el traje tradicional de mujer canaria, portando sobre la cabeza una cesta con unas cebollas, ajos y una botella de ron, recorría las calles en medio de la música y el bullicio festivo. Con aquella botella compartía brindis con los músicos y, de vez en cuando, también se regalaba un trago que parecía alimentar aún más su entusiasmo.


Pero si algo la hizo inolvidable fue su manera única de bailar. Se movía con gracia y desparpajo dentro del cordón que protegía a la banda de música, convirtiéndose en un espectáculo tan singular como entrañable. Quienes tuvimos la suerte de verla y bailar junto a ella, recordamos todavía aquella imagen llena de alegría, autenticidad y fervor popular.



Durante las décadas de los setenta y ochenta, y hasta bien avanzados los noventa, Nievita fue mucho más que una participante de La Rama: se convirtió en uno de sus símbolos más queridos y reconocibles. Su figura permanece viva en el recuerdo de varias generaciones de agaetenses, como ejemplo de amor a las tradiciones y de fidelidad a una fiesta que llevó siempre en el alma. Porque hay personas que, con su sola presencia, terminan formando parte de la propia historia de un pueblo, y Nievita ocupa, por derecho propio, un lugar imborrable en la memoria festiva de Agaete.

Y hay un deseo que siempre la acompañó y del que puedo dar fe: ver un papagüevo con su imagen recorriendo las calles de Agaete. Quizás intuía que esa sería la manera más hermosa de permanecer para siempre entre nosotros, bailando eternamente a los sones de nuestras bandas de música, como hizo durante toda su vida. Ojalá algún día quienes tienen la capacidad de hacerlo recojan esa idea y hagan realidad su sueño. Sería un merecido homenaje a una mujer que, con su alegría, su devoción y su autenticidad, se ganó para siempre un lugar privilegiado en el corazón de su pueblo.





Artículo del autor del blog, publicado en el programa de las fiestas de Agaete de 2026.



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