jueves, 23 de abril de 2020

LAS PIEDRAS QUE CONSTRUYERON AGAETE, LAS CANTERAS.

Recreación de cómo se trasladaban las piedras desde  las canteras del Valle al pueblo a mediados del siglo XIX.

Ya nuestros antepasados los aborígenes canarios utilizaban las piedras como instrumentos en su vida cotidiana; molinos, puntas de lanza, cuchillos, punzones, ídolos... o como material para sus construcciones; viviendas, tagoror, muros, corrales, monumentos funerarios, etc.
Tras la llegada de los conquistadores con esas mismas piedras se construyeron fortalezas e iglesias.
Con los colonizadores llegaron afamados maestros canteros andaluces y es cuando arranca con energía la explotación de las canteras para construir las primeras edificaciones, conventos, iglesias y viviendas.
Las exportaciones de losas de piedras de Agaete llegaron a ser importantes en el siglo XIX. Así podemos observar en el anuario económico de 1867, que salían por el Puerto de Las Nieves, para  la isla de Tenerife,  4.650 quintales de losas de piedra, por un valor  de 33.900 reales de vellón, contribuyendo con nuestras losas al enriquecimiento  del patrimonio de la isla de Tenerife.

En Agaete destaca una cantera sobre todas las demás, la cantera de cueva blanca, donde se obtiene una "tranquita"  amarillenta, muy ligera, denominada en la zona, "canto blanco" o piedra tosca, constituyendo junto con la "piedra viva", el principal material de construcción durante varios siglos en la villa, exportándose a otras  localidades, incluso a otras islas. 
Cantera de cueva blanca en la actualidad.
Detalle de la piedra de Cueva blanca.
El canto blanco es una piedra dura, ligera, porosa, muy resistente al agua a la salinidad y a otras inclemencias climáticas. Así lo podemos ver en construcciones que desde hace siglos se mantienen en pie, como el  arco ojival del presbiterio de la ermita de Las Nieves  o en las viviendas más antiguas de la villa. Otra de las utilidades del canto blanco al ser una piedra muerta (porosa), es en la construcción de hornos, tanto caseros, como de cal.


El origen de las piedras es volcánico, como la propia isla. La variedad de canteras y la diversidad de piedras que vamos a ir viendo, abundantes en la villa de Agaete, se debe a que el tèrmino municipal se encuentra en medio de la línea divisoria (barrancos de Agaete y de Tirajana) de los diferentes ciclos de formación geológica de la isla.

Cantera prehispánica de la Calera:
Cantera de molinos manuales, formada por una impresionante pared de toba, que puede alcanzar más de 10 m de altura, sobre la que aparecen multitud de improntas circulares, de diámetro más o menos uniforme (entre 30 y 50 cm). Las huellas de este tipo de intervención no se circunscriben a esta pared, aprovechándose otras zonas de los escarpes y de la ladera de la montaña. 

Canteras de Tirma:
Piedras de color verdoso de enorme plasticidad, estos afloramientos parecen estar relacionados con el nivel de alteración hidrotermal (azulejos).
La cantera se encuentra dentro de la finca de Tirma, compartida entre Agaete y Artenara, en la zona denominada Cueva Nueva y el Carreño, en los límites con la Aldea de San Nicolás, no es una piedra muy compacta. Muy apreciada en la ornamentación de edificios, una muestra es la fachada de la casa de Colón de Las Palmas o el parque de la Palmita de Agaete.
 Restos de piedra verde en la cantera de Tirma.

 Cantera de Tirma

Cantera de piedra roja de Tamadaba:
Está situada en el centro del Pinar de Tamadaba, detrás de la casa forestal.
Esta piedra es compacta, de  muy buenas cualidades. Por su formación geológica es dura. En su día muy apreciada para la decoración de fachadas y sobre todo por los escultores por su resistencia a las inclemencias y facilidad para esculpir.
Con ella realizó el escultor Luis Alemán Montull, entre otras, las esculturas de la Plaza de  España de Las Palmas.
Monumento al campesino canario, realizado en piedra roja de Tamadaba.

La cantera de Tamadaba en la actualidad.

Las canteras de piedra roja de Agaete:
Nuestros antepasados cuando necesitaron piedras para la ornamentación  y construcción de sus obras, además de los criterios estéticos de la época, las buscaban en lugares cercanos y accesibles.
Una de las señas culturales de Agaete es la piedra roja con que se construyó y se ornamentó fachadas de numerosas viviendas antiguas de la villa durante el siglo XIX y principios del XX, siendo sus máximos exponente  la iglesia parroquial, la casa de los Armas, actual ayuntamiento, la casa de los Manrique, actual centro cultural o la antigua carnicería y pescadería de la bajada al huerto de las flores.
Iglesia parroquial de la Concepción donde se empleó abundantemente la piedra roja de nuestras canteras. 
Antigua carnicería y pescadería.

Existieron varias canteras de este tipo de piedra de gran durabilidad y resistencia, la mayoría en el margen derecho del barranco de Agaete, siendo las principales las situadas en "el centenal", la Suerte y las Longueras, explotadas en su día por la familia Manrique. 
Las piedras una vez "arrancadas", eran transportadas hasta el lugar de la obra en carros tirados por bueyes, mulos o camellos. 
 Cantera del "centenal", finales del siglo XIX.
Obsérvese la huella de la barrena, barra de hierro con la que a base de martillazos con la mandarria se partían las piedras grandes (cantera de las Longueras).
Cantera de los Manrique en las Longueras en la actualidad, restos de las piedras que se utilizaron en la fabricación de la iglesia parroquial.

Cantera de la Calera.

La protección de los espacios naturales de donde se extraían las piedras y la globalización que trajo consigo la llegada de piedras de fuera, mayoritariamente de China, ha llevado al abandono cierre progresivo de las canteras de la isla. 
Las de Agaete cerraron en las primeras décadas del siglo pasado, aunque de las de Tamadaba y Tirma continuaron extrayendo piedras hasta principios de los años noventa del siglo XX.  Y con el abandono y cierre se perdió un conocimiento y un modo de hacer que nos distinguía culturalmente.

Así vio Agaete desde la cantera de "Cueva Blanca", el profesor Don Salvador Calderón, en el verano de 1874, de su libro  reseña de las islas volcánicas, Gran Canaria.

Además de esas canteras existen otras de menor entidad, donde se extraían piedra de relleno, cantos tipo Gáldar o piedras calizas para hacer cal. 
Cantera junto a la playa, de donde se extrajo la piedra de relleno del muelle viejo de Agaete.

Cantera del Turman, se extraía piedra caliza para hacer cal.
Antigua cantera de roca caliza de la Cueva de Avelina (cuevalina).






jueves, 5 de marzo de 2020

AGAETE Y LAS EPIDEMIAS DEL SIGLO XIX.

Puerto de las Nieves, finales del siglo XIX.


Virgen de Las Nieves
patrona del mar,
ahuyenta la peste
si la ves "somar".

Coplilla de Agaete, siglo XIX.

Ningún interés es tan grande para la sociedad como el de la salud pública, cuando peligra la vitalidad, todo los demás intereses son secundarios.
A lo largo de los siglos las tres grandes epidemias; la fiebre amarilla, la peste, el cólera morbo, junto con otras, ahora llamadas "virus", causaron estragos en la isla. Cada cierto tiempo cabalgan de nuevo, no se libra ningún lugar, ¿o sí?
En los siglos XVI y XVII, la peste y el cólera causan estragos en las islas. Sobre el año 1.811, tenemos datos de los primeros casos de fiebre amarilla con 2.055 muertos solo en Las Palmas, una ciudad de 14.000 vecinos en la época.
En 1851, fue el cólera el que diezmó la población de Gran Canaria, en solo dos meses más de 6.000 fallecidos y un grave deterioro de la economía de la isla por el aislamiento impuesto.
El puerto de Las Nieves de Agaete,  durante siglos fue uno de los principales de las islas. Era frecuente la cuarentena de barcos en su rada por traer tripulación o pasaje con síntomas o enfermedades contagiosas. No tenemos datos de que las grandes epidemias afectarán a la población de la Villa. Sí tenemos reseñas en sentido contrario.
Antigua plaza de Andamana, hoy plaza de Tomás Morales, Agaete principios del siglo XX (archivo familia de Armas).

En la epidemia de cólera que surge en la primavera del año 1851, de los 21 pueblos de Gran Canaria, solo Agaete se salvó del contagio. No sé si por intervención divina, el aire de Agaete (la tierra del vendaval, decía Mari Sánchez), por las fuertes medidas de aislamiento que tomaron las autoridades de la época o porque éramos más aseados. Lo cierto es que en los municipios limítrofes la enfermedad hizo estragos. Gáldar que contaba con 3.816 habitantes, tuvo 1.020 contagiados, un tercio de su población y 213 fallecidos. Mientras en Agaete, que contaba con 2.500 almas,  no hubo ni un solo caso.


La milagrosa salvación de Agaete en la prensa de Tenerife, 16-06-1860.

Las autoridades de la época impusieron duros cordones sanitarios y nadie podía entrar en la villa procedente del resto de la isla. 
Agaete se convirtió en la salvación de Gáldar y otros pueblos afectados. 
Se llegaron a pactos  para suministrarles leña, carbón de nuestros montes y alimentos como; pan, arroz, azúcar y vino, dejándolos en lugares acordados de las zonas limítrofes sin ningún tipo de contacto. Por el Gobernador Civil se impuso la prohibición de alterar los precios para evitar las subidas abusivas.

El 20 de Junio da cuenta el alcalde de Agaete (al de Gáldar), don Nicolás Padrón, que el patrón del barco Esperanza acepta rebajar el precio de la leña de pino a dos y medio reales de plata el quintal y a tres menos dos cuartos el de arinaga, puestos en la playa de Agaete.
Sobre este particular es digno de mencionarse la humanitaria disposición de muchos vecinos agaetenses que se ofrecieron a transportar la leña en sus caballerías, hasta los puntos que les fueron señalados, con el más loable altruismo.
Aunque el Ayuntamiento de Agaete ofrece llevar leña y carbón, arroz, azúcar y otros artículos indispensables, existen quejas sobre la calidad del carbón, pues se dice que lo hacen de poleo en vez de brezo y que se dobla el precio que tenía antes, puesto en las mismas casas.
(Sebastián Monzón, Gáldar: El cólera de 1851).

Se terminó por establecer puestos de venta en los puntos de control, donde se vendía carbón y leña a los vecinos de Gáldar, no sin polémicas como la de la venta de pan, ya que los panaderos de Agaete se quejaban que no vinieron a buscarlo durante tres días, contestando el alcalde de Gáldar: Al respecto se contesta no ser cierto, pues si bien acudieron los encargados de recogerlo se les negó la entrega, dicen que por ser tarde y porque debían pagar el acarreto desde Agaete al cordón de control.
El ayuntamiento de Agaete le notifica al de Gáldar que solo puede suministrar 50 libras de pan, la mitad del solicitado, que deberán recoger en los puntos establecidos a las cuatro de la tarde.
Durante los meses que duró la epidemia, el puerto de Las Nieves fue el único de la isla autorizado para el fondeo de barcos de otras procedencias, siempre lo más alejado posible de la costa, con el único fin de tomar y dejar la correspondencia y demás que se conduzca. 
La junta provincial de sanidad, con sede en Santa Cruz de Tenerife  prohibió a los pescadores faenar más allá del alcance de la vista.
El boletín oficial de Canarias, publica en agosto de 1851, la carta en que el vecino y propietario de tierras de Agaete D. Francisco de Armas, comunica la situación lamentable en que se encuentra la clase pobre de la villa, como consecuencia de no poder salir de la misma en busca de alimentos por motivos de la epidemia. Solicitando al Gobernador que medie para bajar el precio del trigo y el millo, ofreciendo el Sr. de Armas, el millo y el trigo de sus graneros a un precio inferior para obligar a su baja. Ofreciéndose en caso de que la enfermedad entre en el pueblo, traer de la capital todas las mercancías y alimentos necesarios para el socorro de los enfermos y necesitados, al mismo precio de la capital, bajo el control de las disposiciones del Gobierno Civil. 
La extremada generosidad, el desmesurado interés  de D. Francisco de Armas por los infelices de Agaete, sorprendió tanto al Gobernador, que ordenó la publicación de la carta en el Boletín Oficial, para su debida publicidad y conocimiento por todos del filantrópico gesto.
Aquel año por Real Orden, por la extremada pobreza en quedó la población como consecuencia de la epidemia, se suspendió el cobro de la contribución en toda la isla.
Afortunadamente una vez más, inexplicablemente Agaete se libró de la epidemia, !!! que suerte vivir aquí ¡¡¡.



Por estos tiempos, nuevamente el cuarto jinete asoma la patita, afortunadamente hoy estamos más a salvo que nunca por las innovaciones médicas, higiene y mejor alimentación. 
Por si acaso, para los creyentes; ahí está el santo guerrero en la antigua entrada norte de la villa, San Sebastián, La virgen de Las Nieves en el Puerto, el Maipés y sus espíritus, todos protectores de epidemias y otras calamidades. No obstante sigan las recomendaciones médicas, que lo otro no está demostrado, es cuestión de fe...

Bibliografía:
Sebastián Monzón, Gáldar: El cólera de 1851.
Boletines Oficiales de Canarias y prensa de la época a través del portal Jable de la ULPGC.
La evolución de la población de la isla de Gran Canaria del siglo XVI al XX y sus circunstancias por Antonio Arbelo Curbelo.











viernes, 14 de febrero de 2020

EL TSUNAMI DE AGAETE.


No se asusten, este tsunami según un grupo de expertos de diferentes universidades, ocurrió hace casi un millón de años, cuando no habían "cristianos y cristianas" por estas islas.
Según los profesores; F.J. Pérez Torrado, R. Paris, M.C. Cabrera, J.C. Carracedo , J.L. Schneider , P. Wassmer, H. Guillou y D. Gimeno, R. París y E. Rodríguez Badiola, en un artículo publicado en 2002, en la revista Geogaceta: 
Hace unos ochocientos mil años (la isla empezó a aparecer hace 14,5 millones de años), se produjo un enorme desprendimiento o corrimiento de tierras en la isla de enfrente, Tenerife, concretamente en el valle de Güímar, posiblemente por actividad volcánica. Afectó a unos  cincuenta mil millones de metros cúbicos de terreno según los científicos. 
El valle de Güímar desde Agaete (foto propia).

Los restos de la "sorriba" fueron a parar a la marea. Provocó una enorme y desbocada ola que en su comienzo alcanzó los 90 metros de altura, rumbo a lo que tenía enfrente, Agaete (y no piensen mal que aún no habían chicharreros)
Sencilla explicación gráfica del origen de la gran ola.

La masa de agua  cuando llegó a Agaete en forma de gran ola, tenía unos 30 metros de altura, dicen que tardó 15 minutos en alcanzar la costa (más rápido que el Fred Olsen). Llegó a nuestras costas a unos 50 kilómetros por hora, pero en su recorrido llegó a alcanzar los 500 kilómetros por hora.
Al llegar el maremoto a la orilla; el comienzo del valle, "las salinas",  como si de un enorme foni se tratara, proyectó  el agua salada y todo lo que arrastraba tierra adentro. Llegando en tan solo tres minutos desde que tocó tierra a unos tres kilómetros barranco arriba,  más o menos hasta "la Suerte".
Los científicos  han encontrado restos de fósiles marinos de 50 especies distintas, arrastrados por la marea por encima del nivel del mar actual, hasta la cota de 160 metros. Hay que tener en cuenta que hace un millón de años el nivel del mar estaría unos cincuenta metros por encima del actual.
Restos fósiles marinos en tierras calcáreas de Agaete (foto propia).

La teoría es muy razonable y admite discusión. 
Desde los años treinta del pasado siglo se conocían estos depósitos, si bien los achacaban a otra procedencia,  terrazas marinas de origen tectónico, subidas y bajadas de la corteza terrestre y las mareas... 
Estas teorías son como los premios Nobel, un año se lo dan a uno por un razonamiento y al año siguiente se lo dan a otro por decir lo contrario y puede que no tengan razón ninguno de los dos...

Lugar donde se produjo el desprendimiento y dirección de la ola.

Estos fenómenos naturales que suelen ocurrir en archipiélagos oceánicos volcánicos como el nuestro, son muy frecuentes en pequeñas dimensiones. Hace un par de años se nos cayó un enorme trozo del "cantil" sobre "la caleta", sin ninguna consecuencia. 


Deslizamientos o desprendimientos de grandes masas y que provoquen una catástrofe  solo ocurren en etapas de tiempo de millones de años, por tanto, aunque las posibilidades están ahí, son poco probables que los veamos o nos afecte.
No obstante; los que deben de estar más atentos son los chicharreros, el "Faneque" está agrietado en su cima y en sus tripas comienzan las voladuras para los túneles de la nueva carretera... Aunque su masa es la cuarta parte de la de la sorriba de Güímar, algún remojón se llevarían los tinerfeños si se va para la marea.

A la contemplación de las bellezas naturales de Agaete, de sus yacimientos arqueológicos, de sus aguas, pescado y café, podemos añadir además para los amantes de la geología, toda una riqueza de rocas y materiales volcánicos, un lugar predilecto para el estudio del vulcanismo y de los tsunamis... 


Zona de depósitos marinos sobre  el barranquillo del "agua dulce."



El valle de Güímar desde Agaete (foto propia)


Bibliografía consultada:
Canarias 7, 7 de diciembre de 2003. Javier Darriba.
Geogaceta 32, 2002.
Enseñanza de las Ciencias de la Tierra, 2009 (17. 1).

domingo, 5 de enero de 2020

EL EXPOLIO DE LAS AGUAS DE AGAETE, EL CANAL DE GUAYEDRA, SAMSÓ Y LAS PRESAS.

La presa de barranco oscuro, Guayedra.
En un tiempo, las cuencas de Agaete fueron las más fecundas en aguas de la isla, el preciado líquido, que el creador tan pletóricamente otorgó a Agaete, siempre fue objeto de litigio desde la llegada de los conquistadores.
En 1485, el primer propietario de tierras de la villa, Alonso Fernández de Lugo, llegó a un acuerdo con los aborígenes agaetenses para el uso común de las aguas, pero al vender sus tierras a Francisco de Palomar en 1496, este entendió que quedaba liberado de los compromisos anteriores, construyó una nueva acequia y desvió las aguas a su nuevo ingenio azucarero en la parte alta del pueblo, causando graves daños a las cosechas de los nativos. 
Se entabló un pleito que tuvo que resolver la justicia real,  decidiendo el uso de las aguas por ambas partes pero en clara desventaja de los canarios, que solo podían usar la que le sobraba a los ingenios azucareros.
A medida que los ingenios cambiaban de propietarios, el asunto del agua se agudizaba en claro perjuicio de los naturales y sus pequeñas huertas.

El problema se agravó en 1930, cuando en la cabecera de la cuenca del barranco de Agaete, los grandes y medianos propietarios de tierras de Gáldar y Guía, agrupados en el sindicato de agricultores, proyecta una gran presa (la presa de los Pérez)  y desviar las aguas mediante un canal a las vegas de dichos municipios. En 1934, la presa se finaliza y entra en funcionamiento. 
Según la tradición oral, la presa fue ofrecida a los propietarios de tierras y regantes de Agaete, encabezados por los Manrique de Lara, que desestimaron la proposición, alegando que con el manantial del Sao y el del Caidero, más la que bajaba de Tamadaba, tenían suficiente para regar todo el valle de Agaete.
En los años treinta del pasado siglo XX, los Manrique, aprovechando la legislación sobre el agua del siglo XIX, vieron más rentabilidad en vender el agua del Sao a los pueblos de Gáldar y Guía,  que poner en producción y regar las tierras de Agaete, construyeron canales, tuberías y mandaron el agua a dichas vegas, con claro perjuicio para los pequeños regantes del Valle de Agaete y obreros agrícolas, originando graves problemas que terminaron en huelgas, disturbios y sabotajes en fincas e intervención del Gobierno Civil en mayo de 1936. 
Muchos de esos obreros agrícolas que participaron en las protestas y huelgas, meses después, en abril de 1937, fueron detenidos y nunca más se supo de ellos.
El gobernador decretó un laudo que obligaba a contratar obreros a todo propietario con más de dos fanegadas de tierra. Los que tuvieran dos debían contratar un mínimo de  un obrero, más de dos fanegadas y menos de cinco, obrero y medio por fanegada, de cinco fanegadas en adelante, dos obreros por fanegada, obligando a poner en producción las tierras y regar primero Agaete. Estas medidas duraron apenas un par de meses, lo que tardó en llegar la Guerra Civil y las nuevas autoridades franquistas, muchos, grandes y medianos propietarios de tierras y aguas. Las nuevas autoridades anularon toda la legislación republicana y el expolio del agua continuó.
A partir de 1939 (aunque no lo formalizan en escritura hasta 1942), con la compra a los Armas del cortijo de Tamadaba, por parte de don José Samsó Henríquez, en aquel entonces influyente Coronel, Jefe de los servicios Jurídicos del Ejército en Canarias, terra y aguateniente con grandes fincas en Gáldar y Guía, las aguas de Tamadaba, que antes discurrían libremente rumbo al barranco y los acuíferos de Agaete, comenzaban a tener sus días contados.
Samsó solicitó en 1940, la autorización para ejecutar tres embalses escalonados en el Barranco de los Ancones (Barranco de las Lajas), un canal y un complejo de tuberías, estanques y demás infraestructuras para llevar las aguas de Tamadaba a sus tierras de Gáldar y Guía.
Como no podía ser de otra manera, el influyente Coronel consigue rápidamente los permisos.
Las obras se prolongan hasta 1954, entre 1940 y 1943, se construye la tubería de Samsó, también se construye la Presa de los Rajones y a partir de 1943, la gran Presa de Tamadaba. La tubería (tubería de Samsó) que, con una longitud superior a 17 km y con un espectacular gran sifón en el Valle de Agaete, salvando un desnivel de más de 800 metros (desde la meseta del Pinar de Tamadaba al cauce del Barranco de Agaete), lleva las aguas desde Tamadaba hasta Gáldar y Guía. 
El canal de Tamadaba tras el incendio.

Una vez más, a un ritmo de unos 100 litros por segundo, se expolian las aguas con que el creador dotó a Agaete, en grave perjuicio para nuestras tierras, agricultores, jornaleros agrícolas  y acuíferos.
En 1947, la comunidad de aguas del noroeste, compuesta mayoritariamente por propietarios de Guía, Gáldar y una multitud de inversores de la isla, hasta un total de 399, donde no faltó alguno de Agaete, previa solicitud, comienza la construcción de un canal para llevar las aguas de la cuenca de Guayedra a las vegas de Gáldar y Guía. Otra vez en el horizonte un nuevo expolio de nuestras aguas que debían de regar primero nuestras tierras y las sobrantes las de los pueblos colindantes.

La construcción es colosal para la época, constaba de varios túneles, uno de cerca de 600 metros de longitud, el que comunica la cuenca de Guayedra con el barranco de Agaete. La obra tuvo un coste de 1.500.000 pesetas de la época.
El 26 de febrero de 1949, el agua atravesó el imponente sifón del barranco de Agaete, con capacidad para siete asadas, sin pararse a humedecer nuestras sedientas tierras. 
Mientras se regaba a manta tomateros y plataneras en Gáldar y Guía, creando riquezas en dichos municipios, Agaete, por no tener, no teníamos ni agua corriente en las casas, nuestras tierras eran abandonadas por ir agotándose poco a poco los nacientes que las regaba y nuestra gente emigra a la capital y otras localidades, llegando a mediados de los sesenta  a perder más de 500 habitantes la villa

Durante aquel primer verano de explotación, la comunidad de regantes vendió las horas de agua  entre 100 y 125 pesetas, comenzaba un negocio redondo con las aguas que la naturaleza derramaba sobre nuestro pueblo y sin que el pueblo viera una sola peseta.
A los regantes de Gáldar y Guía no les debió  resultar suficiente con las cuencas de Agaete y Guayedra, que llegaron a proyectar  un túnel que atravesara Tamadaba hasta Acusa y otro en dirección al Risco, para llevar las aguas de dichas cuencas a sus tierras, quizás retomen el proyecto con el nuevo túnel del Faneque en ejecución.

A todos estos grandes expolios hay que unir el de una multitud de pozos que explotan los agotados acuíferos agaetenses, enviando el agua a otras localidades, como son los pozos de mister Leacock, los Manrique, los Guerra,..., cuyas concesiones a fecha de hoy están caducadas en mayor parte, por lo que las aguas deben de pasar a propiedad pública.
Hoy en día, dado el abandono de la mayor parte de las tierras locales, las desaladoras y las depuradoras, ya no lo podemos llamar expolio, sino negocio del agua.

El agua siempre ha condicionado a los pueblos, su desarrollo y su crecimiento poblacional, Agaete ni siquiera ha duplicado su población en los últimos cien años, mientras los pueblos vecinos  la han multiplican por cuatro o más, quizás sea el expolio de nuestras aguas el culpable...

Bibliografía consultada:
Canarios contra hacendados, Mariano Gambín García.
Siete presas, nueve estanques y una tubería CORTIJO DE SAMSÓ – TAMADABA GRAN CANARIA 1907 – 2009. Jaime J. González Gonzálvez.
Memoria de la comunidad de aguas del noroeste años 1948-49-50-51.
Archivo Municipal de Agaete.