jueves, 9 de agosto de 2018

1963, EL DESCUBRIMIENTO DE LA SEÑORA DE LOS VALLES DE AGAETE.


La  virgen de Las Nieves antes del descubrimiento de la tabla de Flandes.

Entre finales de octubre y primeros de noviembre de 1963, se produjo lo que la prensa de la época denominó el mayor descubrimiento del siglo para Agaete, la aparición de la auténtica pintura flamenca de Nuestra Señora de Las Nieves, que se encontraba debajo de la que probablemente desde hacía siglos veneraban los agaetenses.
La primera cita documental de la existencia de la pintura es la  escritura pública de marzo de 1532, en la que el primer propietario, Antón Cerezo y su esposa Sancha Díaz de Zorita, otorgan a una orden religiosa entre otras cosas el tríptico.
Posteriormente en el propio testamento de Antón Cerezo, de octubre de 1535, dice en el folio 87v:

"yo mandé traher de Flandes para la yglesia de nuestra senora de la concebcion deste agaete un retablo Pincel del mejor maestro que se hallare, de la abocacion de nuestra senora de concebcion, mando que luego sea llegado a esta ysla se de e ponga en el altar de la dicha yglesia de nuestra señora de la concepbcion deste agaete ."


El retablo en el testamento de Antón Cerezo


En el folio 92V, describiendo la capilla de Las Nieves y como debe de ser la futura ermita del monasterio que él desea que se haga en el lugar y los bienes que dona, declara el testador:

"un retablo grande que esta en el altar de la dicha capilla de nuestra señora la virgen Maria de pinzel con señor san antón e san cristobal en la una puerta y en la otra señor san francisco e en la peana del dicho retablo los doze apostoles con nuestro senor jesucristo en medio, en el puesto e pintado yo el dicho antonio cerezo e mi mujer Sancha Díaz de Zorita bajo de nuestra senora."

Lo que ha dado lugar a que muchos investigadores se inclinen por la existencia de dos retablos, uno desaparecido, probablemente en el incendio de la iglesia parroquial de 1874.



Imagen antigua en procesión hasta 1963.


Aunque desde mucho antes se sospechaba algo por la diferente calidad de los cuadros laterales del tríptico con la tabla central, no es hasta la llegada del párroco D. Teodoro Rodríguez Rodríguez, allá por el año 1960, según Chano Sosa, "por inspiración divina", cuando en el transcurso de una limpieza rutinaria de la vieja tabla, debió observar algo que le hizo sospechar que detrás de la pintura que veía, había algo distinto. 

Don Teodoro se embarcó en la aventura de solicitar los permisos y apoyos económicos para comprobar si de verdad la tabla escondía algún secreto y lo más difícil, convencer al pueblo, en especial a los marineros, celosos de que al final nos ocurriera como al pueblo aragonés de Borja y su "Ecce Homo". La villa como de costumbre se dividió en dos, los partidarios de dejar a la Señora como siempre la habían venerado y los que apostaban por saber que se escondía debajo de la virgen del manto azul.
Se consiguió el apoyo del obispado y del Cabildo Insular que solicitó a la Dirección General de Bellas Artes la restauración, trasladándose a la isla dos de los mejores restauradores de que disponía el servicio técnico de la Dirección General, D. Julio Moisés García Rueda y D. Juan Santos Ramos.
El 26 de octubre de 1963, los cuadros salieron rumbo a Las Palmas, donde se procedió a su restauración. 

Primeras intervenciones en la tabla.


A la villa fueron llegando las noticias de que algo grande se estaba descubriendo y hasta hubo voladores en la plaza. Don Teodoro que no perdía ocasión en ir a Las Palmas cada vez que podía para ver cómo iba la cosa, tranquilizaba al pueblo en sus homilías. El 28 de octubre de 1963, surgió el milagro  y apareció la Señora de Flandes, sabe dios porque y cuántos años estuvo escondida.



Primeras catas y limpiezas, empieza aparecer la joya.



El domingo 10 de noviembre de 1963, como si de un cinco de agosto extraordinario se tratara, el pueblo se engalana, banderas, tapices en las casas y arcos florales adornan el recorrido desde la entrada en las cercanías del puente alto, (actual gasolinera de los Titos) calle León y Castillo, alrededores de la iglesia, en la plaza una monumental traca, compitiendo con la del día de Las Nieves, esperaba a la reina de nuestros mares. Todo el pueblo se echó a la calle.


Así llegaron los cuadros (foto propia)


A las 4,30 horas de la tarde hacía su aparición por la vieja carretera  el trono con la virgen tapada con una tela blanca, acompañaba a la señora una multitud de devotos de Gáldar y Guía. En "la mina", esperaba la imagen de San José portado por jóvenes de la villa, los reyunos, todo el clero de la zona norte capitaneado por el célebre monseñor Antonio Socorro Lantigua, párroco de Teror, el presidente del cabildo, consejeros y alcaldes de la zona y la corporación de Agaete presidida por el alcalde Andrés Rodríguez Martín, entre otras autoridades. Entre rezos y cantos marianos dirigidos por un eufórico párroco D. Teodoro, se procedió al descubrimiento. Mientras la banda de Agaete  interpretaba el himno nacional se deslizó el lienzo que cubría la tabla,   la belleza de la nueva pintura asombró a todos, una monumental traca y miles de voladores estallan en el cielo, en el monte Gurugú de las peñas, los viejos cañones daban las salvas de bienvenida.
Enramada de las calles para el recibimiento.

En medio de una nube de pétalos de flores, suelta de palomas y voladores, entre vivas y cánticos, la virgen enfiló la calle León y Castillo, llegando a la plaza. Tras el cante de una salve marinera de bienvenida se procedió a la quema de una monumental traca como nunca se había visto en Agaete. Las campanas de la iglesia tocaban 
a arrebato todo el recorrido. El templo se hizo pequeño y según las crónicas periodísticas muchos feligreses se quedaron fuera.

La Virgen permaneció una semana en exposición para contemplación de todos los agaetenses, algunos incrédulos de que fuera la misma tabla que había venerado durante al menos dos siglos, llegaron a subirse al trono para contemplar los cuadros por detrás, a ver si eran los mismos o nos habían dado el cambio. El domingo 17 de Noviembre de 1963, la virgen retornó en procesión a su ermita.
De esta manera tan solemne y festiva, llena de devoción, recibió Agaete a "la Reina de sus valles", Agaete, Guayedra y el Risco.
En el centro, en medio de los dos monaguillos, el que suscribe con cinco añitos, de la mano de mi padre en el recibimiento. (foto Pepe Juan del Rosario)




La imagen en la actualidad.
CADA VEZ QUE TE MIRO ME PARECES MÁS HERMOSA.
(dícho popular)



Fotos exposición Pepe Juan Rosario.
Bibliografía consultada:
El testamento de Antón Cerezo. (D. Julio Sánchez y Enrique Pérez)
Prensa de la época a través del portal Jable de ULPGC.
Apuntes históricos de la villa de Agaete y su Virgen de Las Nieves. (Sebastián Jiménez Sánchez)
Archivo parroquial de Agaete.


viernes, 27 de julio de 2018

AGAETE 1917, HAMBRE Y MISERIA.


En 1917, Europa se desangraba en medio de la tragedia de la Iª guerra mundial.
En Agaete el hambre hacía estragos, una villa eminentemente agrícola y exportadora completamente paralizada, debido al colapso del tráfico marítimo y al cierre de todas las casas exportadoras de la isla por el conflicto europeo. A todo esto se unió la escasez de trigo y millo, base de la alimentación de la mayor parte de la población, lo que provocó el alza  de los precios de los alimentos básicos.
La villa es uno de los pueblos donde la hambruna hizo los mayores daños al estar la mayor parte de las tierras en manos de un par de familias terratenientes que ni vivían en la localidad. Los agaetenses buscaron la solución en la emigración a América, unos para buscar mayor fortuna, otros para eludir el servicio militar y la guerra que desangraba el país en el norte de África, otros simplemente acosados por el hambre.
La miseria fue tan grande que los hombres y mujeres de este pueblo dejaron de pagar los tributos, ni el ayuntamiento encontró la manera de hacerlos pagar, pues carecían de todo. Los empleados públicos dejaron de cobrar, el consistorio dejó de ingresar los impuestos a la hacienda pública y al Cabildo. La villa entró en quiebra, la situación era muy crítica. Según la prensa de la época, "las calles de los pueblos de la comarca se llenaron de pobres pidiendo limosna y algo que comer".
Como curiosidad, la prensa se hizo eco de las peticiones de las autoridades como solución urgente para paliar la situación de la villa, la puesta en marcha de diversas obras públicas, entre ellas la ampliación del muelle que se había construido 35 años antes en Las Nieves. Si esa ampliación se hubiera realizado, llegando a los 260 metros que originalmente tenía en mente el ingeniero León y Castillo y que se quedó en la mitad, igual hoy en día no tendríamos el problema y la polémica con el "macromuelle", ¿o sí?

Diario de operaciones de León y Castillo

La intención de estas propuestas era fomentar el trabajo, resolver la crisis obrera de la villa y mitigar la miseria, se solicitó la continuación de la carretera a la Aldea y la de los Berrazales, incluso pidiendo que continuara hasta Artenara. Por pedir se pidió hasta un ferrocarril que uniera Agaete con Las Palmas y que tuvo hasta proyecto.

Diario Las Palmas, lunes 19 de abril de 1917.

La situación era tan crítica que se llegó a solicitar la creación de cocinas sociales que ya existían en otros pueblos, para que la gente tuviera al menos un plato de comida al día.
En el pleno de febrero de 1917, el alcalde Graciliano Ramos Medina, acuerda dirigir escrito al Cabildo de Gran Canaria y Delegación del Gobierno, advirtiendo la imposibilidad de la población para poder subsistir, solicitando remedios, entre otros, la entrega provisional de tierras y frutos de las fincas de los grandes terratenientes a los jornaleros para que puedan sobrevivir.


Contestación del Cabildo a las peticiones del ayuntamiento de Agaete (archivo municipal)

A los vecinos de la villa no le quedó otra alternativa que asaltar las fincas para poder comer, lo que llevó a los propietarios de plataneras ante los numerosos robos de racimos de plátanos a solicitar al ayuntamiento los trámites para la creación de un Puesto de la Guardia Civil, solicitud que el pleno  trasladó a la delegación del Gobierno de la isla en Abril de 1917. 
La situación económica del consistorio estaba tan mal que incluso se llegó a suprimir el escaso alumbrado público. 
Al no tener los ayuntamientos ingresos, tuvo que hacerse cargo el Cabildo de los gastos de mantenimiento, traslado de los presos y cuidado de la cárcel comarcal por ser un servicio esencial.
Esos años era médico titular de la villa el poeta D. Tomás Morales Castellano, gracias a su generosidad los agaetenses nunca quedaron desasistidos, cobrando las visitas solo cuando el enfermo podía pagarlas. 
El propio médico sufrió en sus carnes la crisis, pues como en esa época los sueldos del médico titular corría a cargo del ayuntamiento, también se quedó meses sin cobrar. El médico elevo queja al subdelegado de medicina en la isla, que le pidió informe al alcalde, que a la vez era suegro de D. Tomás, D. Graciliano Ramos Medina.
Telegrama en que la subdelegaban de sanidad en la isla le pide informe al ayuntamiento de los sueldos que se le deben al médico titular, D. Tomás Morales (archivo municipal).

Los agaetetenses sobrevivieron a la crisis como pudieron, convirtiendo en alimentos cotidianos lo que antes se echaba a los animales,  jaramagos, hinojos, cardos, cebada, avena, etc. En 1918, finaliza la guerra, el tráfico marítimo con el continente se restablece y una Europa destrozada vuelve a necesitar los productos agrícolas que Canarias y Agaete producían, volviendo la normalidad poco a poco.
Calle la Concepción a finales del siglo XIX.


Bibliografía consultada:
Archivo histórico municipal de Agaete.
La prensa de la época a través del portal Jable de la ULPGC.




martes, 10 de julio de 2018

1894, VISITA DEL MARQUÉS DE AHUMADA.

Agaete 1889.

El 22 de noviembre de 1893, el Teniente General D. Francisco Girón y Aragón, Marqués de Ahumada, se incorpora la Capitanía General de Canarias en Santa Cruz de Tenerife, como Capitán General de las islas.
D. Francisco Girón era hijo del fundador y primer director General de la Guardia Civil D. Francisco Javier Girón y Ezpeleta, Duque de Ahumada.
Excmo. Sr. D. Francisco Girón y Aragón , Marques de Ahumada.

Nada más llegar se dedicó a conocer las islas y a visitar sus pueblos. En la primera semana de julio de 1894, le tocó visitar el norte, el jueves 5 de julio visita Agaete y como no puede ser de otra manera en un pueblo que es fiesta permanente, hizo de la visita una fiesta que relató profusamente la prensa local.
A primera hora de la mañana de aquel día, en medio de una afable y cariñosa despedida la comitiva partió de Galdar rumbo a Agaete, tres carruajes ocupaban al elemento militar y otros tantos por la comitiva civil que les acompañaba, entre otros los alcaldes de Guía, Galdar y Agaete.
Entran en la villa por las "chisqueras", estrenando algunos de los tramos de la nueva carretera a Las Palmas, aun en construcción. Toda la villa salió a recibirlo, aquel día por orden municipal habían dejado las labores para otro momento.
Recuerdo de la visita a la isla.

Tres grandes arcos de lado a lado de la calle Real, hoy León y Castillo, daban la bienvenida al Capitán General, en el primero confeccionado con ramajes se podía leer, "La villa de Agaete al Capitán General",  en el segundo, "el ayuntamiento de Agaete al Marqués de Ahumada" y el tercero artísticamente trabajado con fusiles, cañones y espadas, dedicado al ejército. Todo el pueblo se hallaba engalanado con mástiles con banderas de España.
Al llegar la comitiva a la plaza de Andamana, actual plaza de Tomás Morales, desde el monte de las Peñas o la Cruz, llamado posteriormente y popularmente Gurugú, (A. Cruz y Saavedra, Cañones y Culebrinas) igual que su homónimo sito en las proximidades de Melilla, desde donde las kabilas de Abdelkrim cañonearon la ciudad y masacraban a las tropas españolas, se disparan nueve salvas de ordenanza por dos pequeños cañones o culebrinas, honores que llamaron poderosamente la atención al General y su estado mayor que desconocían que la localidad pudiera tener esas piezas de artillería para salvas. El alcalde Don Matías Ramos Ponce le dio la correspondiente explicación del porqué de los cañones, comprados por los fieles y que se usaban desde tiempos inmemoriales para recibir y despedir con salvas cada cinco de agosto a la Virgen de Las Nieves y anunciar las fiestas. Mientras sonaban las salvas una banda de música hacía sonar los acordes de la marcha real (Himno nacional).  
Después de pasar revista a la sección de reservistas de la milicia local, dependiente del regimiento de Santa María de Guía, las autoridades y el séquito pasaron a tomar un refrigerio en los salones del ayuntamiento.
Posteriormente el General montó a caballo al igual que toda  la comitiva y se dirigieron al Valle, donde en una finca propiedad D. Antonio de Armas y Jiménez, rico hacendado, patricio de la localidad que fue alcalde durante muchos años, a la sombra de una arboleda se sirvió una suculenta comida, pasando en dicho lugar unas agradables horas, donde se contaron agudezas ingeniosas, chistes y se hicieron brindis por el rey y España.
La fiesta se prolongaba, cuando la alegría del vino y el ron de la localidad empezó a hacer efecto, a alguien se le ocurrió la idea de  improvisar un baile campestre, trasladándose los comensales al piso superior de la casa de la finca. Allí se bailó todo lo que se quiso bajo los sones de una parranda, participando desde los oficiales y autoridades, hasta las modestas y simpáticas campesinas de Agaete. El campechano General aplaudió mucho la iniciativa según la prensa de la época. A las cuatro de la tarde se dio por finalizado el jolgorio.
Camino del valle a finales del siglo XIX.

A esa hora la comitiva a caballo y burros, inició el regreso al pueblo, donde retomaron los carruajes para dirigirse en visita al Puerto de Las Nieves, lugar de notable interés militar, como así lo manifestó el General. Tras tomar un refrigerio en la casa que posee en dicho lugar el diputado provincial D. Francisco Bethencour Armas, la cual se había engalanado para la ocasión, visitaron la ermita y la virgen de Las Nieves, regresando al pueblo donde visitaron la parroquia de la Concepción y tras recorrer algunas callejuelas del pueblo se dirigieron al paraje conocido por la gruta del "Caidero", visitando el lugar donde nace el manantial que suministra agua potable a la villa y riega toda la vega baja de Agaete, la gruta en su interior está formada por exuberante vegetación, (fue destruida por el temporal ocurrido el 19 de febrero de 1896) el Marques de Ahumada quedó prendado de dicho lugar.

El manantial del caidero de los chorros, finales del siglo XIX.


Por la noche se celebró la cena oficial en los recién terminados salones del ayuntamiento, (el ayuntamiento se encontraba en la plaza Tenesor, entre la actual panadería la esquina y el despacho de loterías, fue destruido por un incendio el 22-09-1910). Preside el salón un gran y bien pintado retrato de su majestad el Rey D. Alfonso XIII, obra del pintor Nicolás Massieu.
Tras la cena se trasladaron a un jardín próximo, actual huerto de las flores, iluminado a la veneciana, (Farolillos de papel iluminados con luz de velas o de gas) propiedad de Don Antonio de Armas, donde degustaron el café del país, debajo de las propias plantas que lo producen.
Se pronunciaron oportunos y patrióticos brindis por los generales, diputados provinciales señores Bento, Bautista y Bethencourt Armas, Alcalde de Guía Sr. Bautista, párrocos de Guía y Galdar, médico Sr. Monagas, maestro de escuela de Agaete D. José Sánchez y D. Ramón Aguilar, Juez de Instrucción de Guía. 
La velada se prolongó hasta las once de la noche. El Marques de Ahumada se alojó en la casa de D. Antonio de Armas, actual ayuntamiento y a la mañana siguiente  la comitiva partió con destino a la villa de Teror, siguiente localidad a visitar. 
El Agaete de 1894.


Bibliografía; la prensa de la época a través del portal Jable. de la ULPGC.


viernes, 15 de junio de 2018

EL CRIMEN DE LOS PALMÉSES, AGAETE 1900.

Corría el año de 1900, una noche de mayo que nunca pudo precisarse, los jóvenes Justo Sosa Martín y Juan Suárez García, ambos comerciantes, vecinos del Valle de Agaete, se personaron en la casa del anciano Antonio Palmés Armas, acomodado propietario con negocios en la capital, sita en la calle Huertas de la villa, lo que conocemos como "por debajo de las casas". Al parecer las intenciones de ambos individuos era "hablar" con la guapa hija del anciano, María Palmés, de 25 años, costurera de profesión. 
Al escuchar los toque, D. Antonio Palmés abrió la puerta, conocidas las intenciones, María Palmés se negó a las pretensiones de los tunantes, recriminándoles el anciano su actitud, negándoles la entrada, abandonando dichos individuos el lugar ante las amenazas de señor Palmés.
Momentos después, D. Antonio abandono su domicilio para dar un paseo por el pueblo, siendo visto por  Justo y Juan, que sabiendo que María estaba sola, aprovecharon para volver a la casa. La casualidad hizo que el Sr. Palmés regresara a su domicilio y se volviera a encontrar a los dos individuos en la puerta, por lo que les dijo; ¿qué es esto y a estas horas?, en ese momento Suárez le dice a Sosa; "tírale, tírale", refiriéndose a que disparase su revólver contra el Sr. Palmés, efectuando Sosa un disparo que le penetra por la región escapular izquierda, espalda de D. Antonio, entrando el anciano gravemente herido para la casa, saliendo en ese momento su hija María, llamando a Sosa sinvergüenza, contestando este que si no se calla le pega otro tiro, insistiendo Suárez; "pégale otro y mátala", cerrando María la puerta.
Tres o cuatro días después, María, que no había denunciado los hechos, supuestamente por las amenazas de Sosa, pendenciero comerciante, pequeño cacique local que todo lo compraba, le había entregado una cuantiosa suma de dinero para comprar su silencio, se pone en contacto con el barbero del pueblo Francisco González Alemán, de 30 años, que además de cortar el pelo y afeitar, extraía muelas al vecindario, para que le extraiga la bala al agonizante Sr. Palmes, mediante el pago de una cantidad de dinero sin determinar. Operación que se lleva a cabo con el mayor sigilo y sin dar cuenta a la autoridad judicial, procurando ambos ocultarla.

El señor Palmés falleció a los pocos días, el médico no certificó la muerte y la Guardia Civil de Santa María de Guía se personó en el domicilio de la calle Huertas. Al observar y preguntar por la herida de la espalda, María les dijo que su padre lo que tenía era un "divieso", el viejo cabo de la benemérita, curtido en decenas de experiencias y esclarecimientos de asesinatos, rápidamente vio la señal inequívoca del agujero de una bala y no tardó en hacer confesar a María Palmés toda la verdad de lo ocurrido, precintando la casa a espesan de un registro judicial, procediendo a las primeras detenciones.
Personado el juez instructor del partido de Guía, ordena a la Guardia Civil el registro del domicilio, encontrándose una escopeta cargada, un trabuco y un puñal como objetos dignos de mencionar que quedaron a disposición del Juzgado.
Son detenidos por implicación en el asunto; como autor y cómplice Justo Sosa Martín y Juan Suárez García, comerciantes, como encubridores, María Palmés, costurera,  Francisco González, barbero y José Rosario, cochero de profesión, todos naturales de la villa.

Posteriormente las investigaciones llevaron a detener en agosto a un familiar  de D. Antonio Palmés, Fermín Palmés González, de 16 años, como presunto encubridor, la detención se efectuó a bordo del pailebot San Francisco, fondeado en Las Palmas, siendo trasladado a Guía, donde tras prestar declaración quedó en libertad.
El desenlace del crimen trajo en vilo a todo el pueblo de Agaete y a toda la sociedad de las islas, pues la prensa se encargó de ir dando las noticias y pormenores de las investigaciones,  el morbo de la implicación de miembros de la propia familia, al menos en ocultar a los culpables, levantó sospechas sobre la implicación de la propia hija del Sr. Palmés en el asesinato de su padre, la cual cambio en varios ocasiones su declaración a lo largo del sumario. Y como no podía ser de otra manera en un pueblo acostumbrado a tomar partido por cualquier cosa, la villa se dividió en dos, por un lado los partidarios de que la culpa era de la hija y por otro los que la culpa era de Justo Sosa.

El 3 de diciembre de 1901, en la audiencia de Las Palmas, ante el tribunal del jurado comienza el juicio contra Justo Sosa y  tres personas más,  por el homicidio del Señor Palmés. El fiscal del caso es D. Prudencio Morales y Martinez de Escobar, los acusados contratan a los mejores abogados de la isla, D. Juan Melián y Alvarado, D. Juan Melo y D. Leopoldo Navarro.
Comenzó los debates el fiscal, tras un brillante alegato, retiró la acusación contra María Palmés, Juan Suárez y el barbero Francisco González, lo que sorprendió al público presente y a la prensa, que daba por hecho que la hija era la verdadera inductora del asesinato de su padre.
El abogado de Justo Sosa, hizo una brillante defensa del procesado, entrando al detalle del sumario, tratando de probar la inocencia de su defendido.

El fiscal terminó acusando a Justo Sosa, como autor de lesiones leves, ya que según los forenses la lesión de la bala fue leve, muriendo el anciano por otras complicaciones, solicitando para el encartado cuatro años de prisión correccional y un mes de arresto mayor. Cesando en ese momento el jurado por ser competencia de tribunal de derecho por razón de las penas solicitadas.
La prensa alegó que en algunos momentos del sumario se trató de despistar a la justicia, para procurar la impunidad del verdadero delincuente, echándole la culpa a María Palmés.
El tribunal compuesto por los magistrados: Sr. Prieto, presidente, Sánchez Pesquera y Eloy Rodríguez,  dicta sentencia, resultando condenado Justo Sosa como autor de disparo con arma de fuego, con resultado de lesiones leves, sobre la persona de D. Antonio Palmés, a la pena de un año, ocho meses y quince días de prisión.
La pena fue recurrida por la fiscalía al Tribunal Supremo, en recurso de queja, el tribunal la desestimó.
La familia Palmés siempre estuvo en el punto de mira de buena parte del vecindario como sospechosa de haber matado al patriarca, terminaron vendiendo sus fincas y casas de la villa, emigraron a Las Palmas y  Cuba, donde hicieron fortuna en el negocio de los ingenios azucareros. Al morir en la Habana uno de los Palmés afortunados, dejó en testamentos  a sus descendientes de apellido Palmés, un autentico tesoro valorado en decenas de millones de dólares de la época. La publicación de la noticia en la prensa y boletines oficiales en 1949, produjo el colapso del archivo parroquial de la villa, decenas de personas de apellido Palmés de todas partes de las islas se personaron en busca de documentos  que les relacionaran con el difunto, al final la herencia se evaporó, parece que se la quedó la iglesia de la Habana que era quien custodiaba el testamento. De este hecho quedó un dicho durante muchos años en Agaete, ya perdido,  relativo a cosas imposibles; "eso es como la herencia de los Palméses".


El Agaete de principios del siglo XX




Justo Sosa Martín siguió con una vida desordenada y pendenciera, como diría mi padre que en paz descanse, era un "palanquín", fue detenido en varias ocasiones por la Guardia Civil, así sucedió en enero de 1905, fue detenido en Agaete por agredir con una piedra en la cabeza al vecino Antonio Abad Rosario. El 19 de marzo de 1909, es detenido por el siguiente incidente: "al encontrarse en Agaete los jóvenes D. Justo Sosa y Martín y don Matías Álamo Armas, ambos receptores del negocio de embarque de tomates, tuvieron una conferencia relacionada con aquel negocio; que de esta conferencia resultaron palabras más o menos ofensivas, sucediendo que, bien por temor, bien por lastimarse el amor propio, se fueron a las manos, terminando el accidente por asestar el primero al segundo tres puñaladas con arma blanca."
En noviembre de 1912, Justo es detenido por la Guardia Civil al agredir con un cuchillo en Arúcas al vecino Juan Ramos Jiménez, produciéndolo una herida de grandes dimensiones en la cara afectándole a una de las arterias. 
Parece que la desordenada vida de Justo, los problemas y amenazas que recibía le hicieron poner tierra por medio emigrando a América, al parecer a Argentina.
En 1937, está desaparecido o ausente, así consta en la esquela a tres columnas que publica el diario la Provincia, tras fallecer su madre que debía de ser bastante pudiente, Doña Petra Martín González.


Bibliografía consultada; la prensa de la época a través del portal Jable de la ULPGC.

viernes, 1 de junio de 2018

LA HISTORIA DE LA BANDA DE MÚSICA DE AGAETE, LA MÁS POPULAR DE LAS ISLAS.

La banda de música de Agaete finales de los años treinta, principios de los cuarenta del pasado siglo, el monaguillo Sebastian Nuez (conocido por el mojito), con la trompeta Manolo García (Mauillo), con la caja Antonio Suárez (pulgarcito), con el saxo, Rafael Medina, agachado el segundo por la izquierda Juan el de María Cruz.

Las primeras manifestaciones musicales de las que tenemos datos en Agaete se remonta a las primeras décadas del siglo XIX, cuando la iglesia pagaba de sus cuartos un tamborilero para acompañar a los devotos que iban a la "traída de la rama" la víspera de sus fiestas de  la Concepción y Las Nieves, con el objeto de adornar la iglesia y ermita respectivamente (archivo parroquial, libro de cuentas). 
Los romeros, mayoritariamente hombres de la mar, portaban caracolas o bucios que hacían sonar en el recorrido. 
Con el incendio del archivo municipal el 22 de Septiembre de 1910, se pierde toda la documentación y con ella parte de nuestra memoria, por lo que tenemos que recurrir a la prensa  y otros registros para buscar datos de nuestra banda de música y nuestra historia. No obstante desde mediados del siglo XIX, tenemos datos en los periódicos de bandas de música que amenizan nuestras fiestas, desconociendo si eran de la localidad o de los pueblos vecinos.
En 1840, el músico militar Eufemiano Jurado Domínguez, crea la primera banda de música civil de la comarca en Santa María de Guía, donde estaba acantonada una unidad de milicias desde el siglo XVI, es de suponer que buena parte de los componentes de ese grupo procedía de la banda del regimiento. Esta banda de música es la primera de la que tenemos datos que participa en las fiestas de Agaete acompañando "la entrada de la rama" el día 4 de agosto de 1867, así consta en  la prensa de la época (diario el País de 26-07-1867).

Las primeras referencias a la existencia de una banda de música en Agaete la encontramos en el archivo parroquial de la Villa. En los días previos a la visita del obispo Urquinaona, con el fin de colocar la primera piedra del nuevo templo parroquial, el 18 de octubre de 1874, la junta directiva para la construcción,  mediante carta, invita al director de la banda de Gáldar  para que viniera a ensayar con la de la villa, con el fin de acompañar al Señor Obispo, desde su llegada a "Las Chisqueras hasta y a su despedida  por el Puerto de Las Nieves". Por lo que podemos deducir que  ya en 1874, existía una pequeña banda de música en la localidad.
En Agosto de 1904, la banda militar del Regimiento Valencia con guarnición en la villa, es la que ameniza las fiestas y procesión (boletín eclesiástico de agosto de 1904).
Quizás esa relación, bandas-milicia prolongada en el tiempo, sea la explicación a los ritmos, canciones y actos de nuestra peculiares fiestas.
A principios del siglo XX, parece que un maestro Valenciano llamado D. Mariano crea la que podía ser la primera escuela de música de Agaete, pero no es hasta 1910, cuando aparece claramente en la prensa que las fiestas las ameniza la banda de la Villa.
Diario Las Palmas de 26 de julio de 1910.

El 19 de febrero de 1911, la banda participa en la manifestación que tienen lugar en Las Palmas a favor de la división provincial.


Diario de Las Palmas de 20 de febrero de 1911.

A partir de 1910, la banda aparece en todas los programas de fiestas y prensa de la época amenizando nuestros jolgorios y celebraciones. Adaptándose a los tiempos y a los regímenes, igual participa en la celebración de la llegada de la república e izado de la bandera tricolor que en la celebración del golpe de estado de 1936, o izado de las banderas de la falange.
En 1917, el joven aficionado, Isidro García Sosa, dirige la banda. Son tiempos de la Primera guerra Mundial y la melodía de moda que levantaba el ánimo a las tropas aliadas en el frente, "la Madelón", llega para instalarse definitiva en nuestras fiestas.


De las primeras fotos de la banda de Agaete

Entre 1926 y 1932, lleva la batuta de la banda y la academia de música el vecino Don Manuel García Sosa, el cual reorganiza la banda, promueve rifas, colectas y fiestas con el objeto de recaudar fondos para comprar instrumentos adecuados. 
Son tiempos de pasodobles del maestro Texidor, que antes que músico fue militar, director de la banda de música del Regimiento Melilla nº 68 hasta 1924, y algo de paso castrense le dio a sus canciones, es momento de marchas, canciones patrióticas y toques cuarteleros, retretas y dianas floreadas, soldado de España, Ondina, Aurora feliz, aromas del moro, aromas de Enguera, despierta Carmencita, banderita, soldadito,..., que aún siguen marcándonos el paso en nuestras celebraciones, canciones y ritmos que marcan la diferencian de nuestras fiestas de otras parecidas.
En el mes de mayo de 1932, es nombrado director de la banda municipal de música D. Tomás León Afonso, natural de San Nicolás de Tolentino, recibiendo una gratificación mensual de 180 pesetas, cesa en el  cargo el 1 de marzo de 1934, por marchar a dirigir una banda en la Aldea.


Una de las primeras bandas de música de Galdar, años veinte del siglo XX. La fedac la califica como banda de la Aldea, uno de los tantos errores de dicho archivo. 

Con ocasión de la vacante del cargo de Director de la Banda, en marzo de 1934, D. Manuel García Sosa, aficionado que no pertenece al cuerpo de directores de bandas, ofrece nuevamente sus servicios de manera interina a cambio de cobrar lo correspondiente al cargo que venía recibiendo su antecesor. El ayuntamiento accede, ocupando dicho cargo hasta octubre de 1944, durante los años de la guerra el salario fue de 50 pesetas (archivo municipal).
Don José Santana Santana, "Cielito", fue director de la banda de Agaete en los años sesenta.

Son los años de la guerra civil y IIª guerra mundial, son años de penuria económica y la banda sobrevive a duras penas, son los años del "cara al sol y el alzad los brazos hijos del pueblo español", los años de la polka del barril, esa que dice; buena cerveza la que tomamos aquí..., importada de Alemania por los que fueron a la División Azul.
La banda entrando al Valle por las cuevecillas, celebrando el final de la guerra Civil, abril de 1939 (familia Armas Galvan).

En noviembre de 1942, el ayuntamiento establece un reglamento para la banda municipal de música de Agaete. Como curiosidad el artículo 15 dice;"serán tocatas obligatorias y gratuitas, amenizar los paseos públicos en la temporada de verano y las procesiones de Semana Santa, Corpus Christi y la patrona de esta villa".

Reglamento de 1942.

En 1944, a la banda la podemos llamar la "banda de los zapateros", pues de los 15 componentes que asisten a las clases de solfeo e instrumentos, 11 son zapateros.
Relación de componentes de la banda en 1944.

En 1942, tras la guerra y empezando a levantar cabeza el país, el régimen de Franco legisla sobre las bandas de música municipales. Después de depurar a una buena parte de los músicos por su  pasado republicano, crean un escalafón único para todo el estado de directores de bandas, dándoles la categoría de funcionarios públicos. 
Con fecha 31 de diciembre de 1942, el alcalde Manuel Jiménez, publica la vacante y el sueldo asignado, 5250 pesetas anuales.
En 1944, a la plaza de director de la Banda Municipal de Agaete concurren dos aspirantes, Don Enrique Asencio Ruano y Don Julio Pérez-Cortes Coronado, un valenciano y un extremeño.
Instancia de D. Enrique Asencio, solicitando la plaza de Director.

El ayuntamiento se inclina por el mejor currículum  y número del escalafón de Don Enrique Asencio Ruano, un Valenciano de 37 años que hizo la guerra con la república, pero que pasó sin responsabilidades la depuración que realizó el Ministerio de la Gobernación tras la guerra civil. 
D. Enrique ejercía de músico y director de una banda desde 1928, llamada "Del niño perdido", en una barriada de la ciudad de Villarreal, provincia de Castellón.
El 30 de octubre de 1944, Enrique Asencio toma posesión del cargo de Director en propiedad de la banda de Agaete y profesor de la academia municipal de música.


D. Enrique Asencio ya anciano en un homenaje en Agaete.

D. Enrique es un hombre de carácter fuerte, lo que provoca numerosos enfrentamientos con los miembros de la banda a los que le impone una férrea disciplina, sus choques con el ayuntamiento y secretario municipal le acarrea más de un expediente, como el que le abren en 1945, por solicitar el pago de quinquenios por servicios anteriores en la administración pública, con documentos no acordes con la realidad ya que nunca había sido funcionario y sólo había ejercido como director de la banda, "el niño perdido", de una parroquia en Villarreal. 
D. Enrique revoluciona la banda, sus presiones para adquirir material dan resultado y en sus viajes a su tierra valenciana realiza varias compras de instrumentos de segunda mano para la agrupación. Al final de su etapa en Agaete, la banda renueve y multiplique por dos el número de instrumentos y otros materiales de los que disponía.
En 1945, compone un pasodoble llamado "Agaete", cuya partitura para piano dedica al Alcalde, concejales y secretario municipal.
Son los años de los pasodobles y pasacalles de la tierra del director, Valencia y la música de las fiestas del Levante se instalan en la villa.

 
Pasodoble "Agaete", compuesto de 1945, por el maestro Asencio Ruano (Archivo municipal).

No solo nos dejó la alegría de la música fallera, sino que nos trajo marchas sin las cuales ya no se entenderían nuestras procesiones, en especial las de semana santa, como "Pobre Mari", adaptó canciones, marchas y pasacalles al peculiar paso de nuestra bajada de la Rama. Los Armas le tatarearon una canción que se cantaba en la antigüedad y él le puso la música, una canción sin la cual no se entendería la rama, "Campeón". 
En definitiva Enrique Asencio creó los pilares musicales de nuestra fiestas, que aún hoy siguen perdurando a pesar de haber pasado más de 60 años de su marcha.
En 1945, en las fiestas de San Pedro, los músicos reciben 61 pesetas por actuar en los seis actos de la fiestas, decidiendo D. Enrique repartir la cantidad que a él le corresponde entre los más aplicados de la banda para que sirva de estímulo, así los músicos Alberto Álamo, Francisco Sosa, Manuel García, Antoñito Cruz, Felipe Cabrera y Juan Díaz, se reparte las 61 pesetas del director (archivo municipal). Los músicos que llegan tarde a los actos o tras el descanso de las actuaciones, son sancionados con descuentos entre 5 y 10 pesetas en sus gratificaciones.
Componentes de la banda en 1948, que asisten a los diferentes actos de las fiestas de Las Nieves y cantidades cobradas.

La férrea disciplina que impone a la banda D. Enrique, le lleva al encontronazo con algunos músicos, así en septiembre de 1950, el alcalde Pepito Armas, previo parte por insubordinación del director, expulsa de la banda a dos jóvenes músicos, T.M.T y J.C.G. Como ambos no hacían entrega de los instrumentos y uniformes adjudicados, el alcalde les manda notificación a los padres amenazando con llevarlos al juzgado si no los devuelven en el plazo de 24 horas, cosa que debieron de hacer de forma inmediata, posteriormente regresarán a la banda (archivo municipal).

Relación de componentes de la banda en 1953

En marzo de 1953, la inspección de trabajo abre expediente a la banda de Agaete, posiblemente por denuncia anónima, solicitando  relación de músicos y retribuciones de los cinco años anteriores.
Ese mismo año se produce un curiosos incidente, los músicos se quejan por escrito de que los están criticando por el pueblo; "la gente dice que nuestra condición de músicos es más bien baja, que son la escoba que todo lo recoge". 
En la fabrica de calzados "Armas", donde trabajan la mayoría de los músicos, se produce otro incidente entre el músico Manuel García Álamo y el concejal Andrés Rodríguez,  al manifestar el edil en una discusión; "que lo mejor que se debería hacer era desbaratar la banda de música, que si él fuera el concejal encargado los partiría por el eje". Lo expuesto produjo una queja por escrito al alcalde de todos los músicos y la apertura de un expediente (archivo municipal) por parte del ayuntamiento, que terminó sin responsabilidades. 




En 1957, al Sr. Asencio se le abre un expediente de desahucio (archivo municipal) por haberse trasladado y vivir sin permiso en las dependencias municipales donde se encuentra el depósito de la banda de música,  habitación de la derecha según se entra por la antigua fachada principal, calle Antonio de Armas, advirtiéndole el Alcalde  del peligro de incendio por usar cocinilla de petróleo para hacer de comer en la casa consistorial, dándole tres meses de plazo para abandonarla, de lo contrario será desahuciado, ya que se ha acordado crear en esas dependencias la escuela de párvulos nº 2 de la villa, convirtiéndose en el primer "ocupa" de instalaciones municipales de los que tenemos conocimiento.
Don Enrique agobiado por los expedientes y amenazas del secretario, tras pedir varias vacantes que no proliferan, en Noviembre de 1957, consigue un nuevo destino a petición propia, y el 31 de enero de 1958, toma posesión de la banda de Icod de los Vinos en Tenerife.


El ayuntamiento, ahogado por los gastos y la carencia de servicios esenciales como alcantarillado o abastecimiento de agua corriente en la villa, aprovecha la marcha del Director Enrique Asencio, para liquidar la banda municipal de música.
Siendo alcalde Don Pedro Esparza Martín, el 19 de diciembre de 1957, solicita al Director General de la Administración pública por conducto del Gobernador Civil de la Provincia, "la amortización de la plaza de Director, la supresión de la banda y academia de música por razones económicas y el escaso interés de la población por la enseñanza de la música". 
A partir de ese momento una vez disuelta la banda, los músicos y aficionados deciden seguir adelante con la agrupación, esta vez como Banda de Agaete, sin el término municipal en sus siglas, aunque durante muchos años siguió siendo conocida como banda municipal. Se hace cargo de la banda uno de sus subdirectores, D. Francisco Sosa Álamo. 
Como anécdota de esta época me cuenta D. Miguel Santana que a D. José Santana, "Cielito", le faltaba un diente de los frontales, lo que le dificultaba tocar la trompeta, D. José, haciendo alarde de sus dotes de zapatero en la fabrica de calzados local, se fabricó uno de goma que encajaba a la perfección y que usaba durante las actuaciones. 
En algunas actuaciones por los pueblos de la isla, la comisión de fiestas que los contratan no recaudan lo suficiente para pagar sus honorarios, por lo que en ocasiones les pagaban en especies, así sucedió en una de ellas en Artenara, que terminaron pagandoles una parte con cartones de huevos.

La compone en la década de los sesenta; D. Manuel García Álamo, D. José Santana, D. Sebastián Santana, D. Pedro Santana, D. Miguel Santana, D. Juan Díaz, D. Sebastián Nuez, D. Nardo Suárez, D. Juan Sosa, D. Manuel García, D. Antonio Martín y D. Antonio Valencia, doce músicos con entradas y salidas puntuales de algún otro, que suenan como cincuenta o sesenta, manifestaba Manolo García (Mauillo), director en 1971, porque "tocaban en tono brillante". Con la desoficialización la banda se moderniza en su repertorio, igual se canta "el conejo de la Lole" que "el tractor amarillo", aunque  son pocas las canciones que resisten el paso del tiempo y al final solo quedan las de siempre, las de toda la vida, las que bailaron nuestros abuelos y padres, las que llevamos grabadas en nuestros genes las gente de Agaete. 
Son tiempos en que la banda es la única que ameniza las fiestas de las Nieves, en jornadas maratonianas donde tocan 12 horas de 24, dianas, rama, retreta, paseos y procesiones, ramas que duran ocho horas sin más descansos que un solo de redoble de caja y tambor de vez en cuando, mientras cantábamos aquello de; "seis, seis, siete, ocho y nueve".
En las fiestas de 1970, se produce una desavenencia con el alcalde Andrés Rodríguez Martín, los músicos se niegan a tocar, exigen 2000 pesetas (12 euros actuales) por componente, por tocar toda las fiestas. El alcalde no da su brazo a torcer y a ultima hora estando en peligro las celebraciones consigue formar una banda con músicos ya retirados, empleados del ayuntamiento y componentes de la famosa orquesta "Mejías" de Galdar. Según la gente, ese año la rama parecía más un baile del casino que otra cosa.
En 1977, en plena transición política de la dictadura a la democracia y ante la politización que gente de fuera intentaba con la rama, el alcalde José Antonio García Álamo amenazó con suspenderla si se convertía en un acto reivindicativo. Afortunadamente los jóvenes del pueblo cortamos los intentos, con alguna que otra bronca y la rama se celebró sin problemas.    
La banda ya bajo la dirección de Miguel Santana Medina, en las últimas décadas igual ameniza una boda, bautizo o comunión, que un entierro si el difunto decide irse con alegría para el más allá. Es un lujo tener a la banda en cualquier celebración.
Manolo García, "Mauillo", director de la banda en los años setenta, y Juan Santo.

En 1978, con motivo de la final de la copa del Rey entre el Barcelona y Las Palmas en Madrid, la agencia de viaje que organiza el traslado de los aficionados de la isla a la capital del reino, invita a la Banda de Agaete con gastos pagados, estos al parecer exigen una cantidad de dinero adicional que la agencia no está dispuesta a pagar, por lo que un grupo de músicos aficionados 
y de la banda, comandados por Manuel García Álamo y Jerónimo Martín Trujillo, a modo particular se ofrecen a ir con solo los gastos pagados, formándose una nueva banda, denominada "Banda de  Guayedra". Esta agrupación bajo la dirección de Jerónimo Martín Trujillo, con su academia de solfeo e instrumentos, durante muchos años sembró el pueblo de músicos.
Desde hace unos años otro grupo de jóvenes músicos han creado una nueva Banda en la villa, denominada "Banda de Las Nieves". También tenemos una agrupación musical llamada "Guayedra" y una escuela de municipal de música, por lo que el futuro musical de la villa está asegurado.
La banda no fue ajena a los avatares políticos de la localidad, y durante los años del gobierno socialista en la alcaldía, 1987-1995, según cuenta D. Miguel Santana, "fueron años de exilio y marginación", estuvieron a punto de desaparecer, no fueron contratado en ninguna ocasión por el ayuntamiento, que solo contrataba a la banda de Guayedra y a bandas de otras localidades. Volviendo a tocar en las fiestas de 1995.
Jerónimo Martín y Manuel García.

La banda de Agaete es identidad, es un símbolo, es historia de un pueblo, es la tradición de una villa que ha tenido en la música uno de sus referentes culturales más importante, no se puede imaginar unas fiestas sin nuestras bandas, hijas todas de aquella Banda Municipal de música de Agaete, que desde  finales del siglo XIX, comenzó a sonar por nuestras calles y ha paseado el nombre de nuestro pueblo por todas las islas e incluso fuera de ellas, no se si es la mejor banda del archipiélago, pero sin duda la más popular y conocida.
El 19 de agosto de 2018, previo expediente en el que fui instructor y acuerdo unánime del pleno del ayuntamiento de Agaete, se inaugura la  calle "Banda de Agaete", situada en la bajada del huerto de las flores, tramo entre la plaza de Tenesor y el barranco.


Inauguración de la calle Banda de Agaete.





























Agaete sobre los años cincuenta del siglo XX.





Bibliografía consultada:
Archivo parroquial de Agaete.
Archivo municipal de Agaete
Prensa de la época y tradición oral.