martes, 13 de septiembre de 2022

1948, UN PROYECTO DE CINE PARA AGAETE DE EDUARDO LAFORET.


Fachada principal, calle de la Concepción, del futuro cine de Agaete 1948.

Desde principios de los años cuarenta del pasado siglo, un empresario procedente de la capital, Jorge Cuervo González, proyectaba las películas en el viejo edificio de propiedad municipal, que en otros tiempos fue plaza de mercado y escuela, conocido como la recova, en la actualidad alberga la biblioteca pública municipal, y que hasta la década de los setenta del pasado siglo, hizo las veces de cine. El viejo edificio, si bien no reunía las condiciones ideales de comodidad para ver las películas, el pueblo se apañaba y sus 167 plazas, entre butacas de todo tipo, a cuál más incómoda, sillas, escalones y suelo, estaban casi siempre ocupadas, no había otro entretenimiento en la localidad además del paseo por la plaza y calle la Concepción.

En 1948, el industrial zapatero agaetense Don Valentín Armas Nuez, presenta al ayuntamiento de la villa un proyecto para construir un nuevo edificio con destino a un local cinematográfico en la esquina de la calle la Concepción, con la entonces Plaza de José Antonio, actual plaza Tenesor, en el lugar donde en la actualidad se encuentra la oficina de correos y otras dependencias municipales. La sala de proyecciones contaría con un total de 400 butacas.

Planta principal.

El proyecto es obra de uno de los mejores arquitectos de la época, Eduardo Laforet, autor de entre otros del Hotel Metropole en 1929, en la zona de Ciudad Jardín, y en 1930, por encargo del Cabildo de Gran Canaria, el Hospital de San Martín y el orfanato situado en la calle Hernán Pérez de Grado en Vegueta, también redactó la reforma de la Casa Regental, en la Plaza de Santa Ana, Vegueta, en el año 1942, y colaboro con todos los arquitectos que ejercían en los años treinta y cuarenta en la ciudad, especialmente con Rafael Massanet y Martín Fernández de la Torre, con el que trabajó en las obras interiores del Cabildo de Gran Canaria.
Planta alta.

En dicho solar se encontraban unas casas a todas luces en estado ruinoso, que por tratarse de lugar céntrico y de paso obligado del incipiente turismo de salud hacia el balneario y el hotel los Berrazales, el nuevo edificio ayudaría a hermosear el lugar. Además de por lo expuesto, al consistorio le pareció la idea muy adecuada y suscitó todo su apoyo de forma entusiasta, informando favorablemente a los organismos públicos competentes de autorizar la construcción y puesta en marcha del nuevo local.
El lugar, plaza de Tenesor, años cincuentas del pasado siglo.

El único que se opuso fue el industrial que ya tenía la concesión de la proyección de películas, Don Enrique Cuervo, “cuervito” en el argot popular. Alegando, entre otras; que el local donde se proyectaban en la actualidad los filmes se encontraba a solo 15 metros del que se pretende construir, lo que incumplía la norma de 24 de febrero de 1945, que recomendaba no autorizar locales similares a menos de 100 metros de uno ya existente, salvo en las grandes poblaciones. También alegó falta de viabilidad económica e imparcialidad del ayuntamiento, acusando directamente al consistorio, del que fue alcalde Don Valentín Armas, de proteger intereses privados antes que el interés público general. La pobreza de la población, jornalera en su inmensa mayoría y donde los propietarios de tierras vivían fuera, la escasa población, 4.700 vecinos, de los que apenas 3.000 vivían en el casco urbano, fue otro de los motivos que alegó “cuervito”.

La cuestión es que todos los organismos públicos que tenían que informar lo hicieron favorable a la construcción del nuevo local, incluido el todopoderoso sindicato falangista de espectáculos públicos, y se autorizó el proyecto, dándole el plazo de un año para comenzar con la obra.

Transcurrió el plazo y las obras no comenzaban, alegando “mastro Valentín” que había problemas con la expropiación de parte de los terrenos y con los desahucios de personas que habitan algunas de las casas del solar, solicitando una prórroga de la concesión de obras.

Parece que el socio de “Mastro Valentín”, esposo de una cuñada, se echó para atrás, dejándolo solo, no teniendo solvencia económica para acometer el proyecto de forma solitaria.
Fachada a la plaza de Tenesor.

Al final, aquel deseo ilusionante quedó en el cajón de los recuerdos como tantos proyectos en esta villa que, si se hubiese ejecutado, posiblemente hoy en día el pueblo podía contar con un lugar digno y céntrico, donde poder celebrar actos culturales, como sucede en casi todos los pueblos, si no en todos, donde los viejos cines pasaron a propiedad municipal, convirtiéndose en auditorios.

Afortunadamente estamos a tiempo, el terreno en la actualidad es propiedad municipal, junto con la vivienda colindante, conocido como “la sindical”, también de propiedad pública, se compone un solar de mayor tamaño que el que pretendía utilizar “mastro Valentín”. Espero que algún día, los que tienen el designio de decidir donde se gastan nuestros impuestos, tenga como prioridad la construcción de un auditorio, en un lugar céntrico, donde podamos, al menos en invierno, disfrutar de actos sociales y culturales.


Vivienda y solar donde se pretendía construir el cine en la actualidad.